¡Qué coño voy a hacer yo arte!

Quería como hacer un arte de esta vida, pero ni entendía qué era el arte ni sabía lo que fuera la vida. Ahora tampoco lo sé. Pero me voy como dando cuenta de que, si acaso, estoy entretenido en la artesanía de la nada pero no siento qué, sea, lo que sea. Ya no me acuerdo muy bien de lo de las metátesis, pero bueno, sí, funciona la estadística de 10000 datos repetidos 1000 (un cero menos, es el caso) memorizados, pero, ay, recuerdo, ¿cómo vamos a vivir de los recuerdos? No, no es eso tampoco, eso está claro. Que fue bueno lo bueno, sí, pero ahora es ahora.

Y, aquí, entretenido, ¿qué hago?, nada, mirarme el ombligo. ¿Ha estado usted detenido?¿Es que me moví alguna vez? Ya, pero es que ahora es distinto. Pues, no sé, me acostumbré a ahora y ya no puedo pensar en siempre. Pues siempre le van a detener. No quiero que no haya nada que me sorprenda. Es así. De las pocas cosas que sé, y no puedo hacerle nada, nada, más que seguir por ahí a ver qué pasa, ¿no? Y es que es tan hermoso que digas que no a esto y lo otro. Pero yo a veces andaba mirando por un sí, y que me preguntes, y que yo te pregunte y, no sé, lejos, me hago de hielo, y no quiero apagarme, necesito que no.

Pero bueno, que ya, ahora, ya intento no esperar nada, eh. Tampoco vivir de los recuerdos, tampoco. Un café, con buena guarnición de humo. Y ni sentao. De mañana, y no me callo. Qué bueno.

Pero queeee eso del arte y la vida, y la artesanía de la nada. Y las palabras ahí tiradas en un anuncio. Y yo vendiendo humo. Toda la vida vendiendo humo. Pero si es que ese humino nos da la vida, a vosotros no sé, pero a mí, seguro, y no sé hacer otra cosa. Curiosa historia, no sé hacer otra cosa más que la artesanía de la nada. Entonces, ¿sé hacer algo? Qué chungo. Creo que me he hecho un posmoderno de esos, o me lo han hecho, no sé yo qué decir. Qué cabrones. Me mosquea, pero creo que eso de que me mosquee es bueno. O igual no. Bueno, no, malo no es, joder, peor sería que me gustase. Hay que intentar sacarse esas putas etiquetas a golpe de lo que sea, aunque sea regalando el humo, venga, qué es eso de venderlo, joder, qué coño voy a hacer yo arte con estas manos de posmoderno, ni artesanía. Ahí como esculpiendo el aire. Que, en serio, que esto es eso de que no quiero que no haya nada que me sorprenda, en serio lo digo. Y lo de que igual no era porque vienen los siquiatras a la mínima, te catalogan como loco y estás jodío, a tomarte pastillacas, fijo, a quedarte ahí como cuando ves la tele pero sin tele ni ná, la tele es como tu hígado o algo. Y si no, te pisan la cabeza igual.

Me había parecido que estaba tan acostumbrado al declive brusco de otro verano eterno. Pero se me colaron cucarachas en las goteras de la voz, y el recuerdo. Aquí ya intento no esperar nada, por si algo me sorprende. Y, joder, se me quitaron las ganas de todo, hasta de lo agridulce del fracaso. Porque, joder, eso es como un bicho que te pica y se te queda dentro revolviendo. Ahí curvao, inquieto. Y ¿adónde voy yo con la boca sangrando? No sé, es que no entendía muy bien lo de la vida. Ahora tampoco.

-¿Eh?
-No, no os multamos, pero esto lo tiramos.

Donde no llegan las palabras


No es nada fácil aceptar la contradicción que aparece continuamente mientras vamos viviendo. Por ejemplo, uno se encuentra con que en la misma charla se puede escuchar "no creo en dios"  y también "todo es relativo", o que "es, si duda, un magnífico escritor, entre los tres mejores de la historia de (loquesea)" y también que "sobre gustos no hay nada escrito". O que "mi libertad acaba donde empieza la de los demás". Entonces, si sobre gustos no hay nada escrito, todas las libertades no son iguales, ¿no? ¿Qué es eso, que la libertad es un coto? ¿Qué algunos la tienen más grande que otros? Debe ser cuestión de eso, entonces.

¿Cómo va a ser eso que llaman libertad individual, definible, limitada? De-fin-i-r, que así descompondría un tío con traje esa palabra, significa poner límites, tiene el Fin en su mismo centro, ese Fin que tanto nos recuerdan. Y si a mí me gustan otras cosas diferentes de las que le gustan a los demás (por cierto, ¿quiénes son los demás?), la libertad de este individuo es de diferente figura y tamaño que la de este otro, ¿no? Que la de todos los demás, que son una Idea falsa por oposición a Uno, al Yo, los demás es algo indefinido, a partir de lo cual no se puede definir. Además, que eso de la libertad sea de una Persona u otra, lo que indica es propiedad. ¿Cómo se puede poseer eso de "libertad"? Y que además sea diferente... Pero, ¿es que no somos todos iguales? Eso dicen, que todos iguales pero cada uno es cada uno. Más contradicciones. Yo soy respetuoso, pero Yo me cago en esa puta zorra de la ministra, el presidente, ¡qué hijo de la gran puta, digo Yo! Y resulta que yo era sólo algo que indica al que está hablando. Pero Yo, frente, o incluso junto, si se quiere, al común de la gente, Yo tengo, Yo existo, Me (que es otra forma del Yo) traspaso a otro sitio que ya no está en la vida, en lo verdadero, que está en las Ideas, esas que cada vez conforman más la Realidad. Te mando mi Idea de Yo por correo electrónico, y en un periquete nos conocemos, nos definimos. Clic. Siguiente. La Evolución. El Progreso.
La e-volu-ción, no es más que volv-e-r  o girar desde un lado hacia otro, como se leía, desenrollando el papiro. Puede que lo que hago entonces al enrollar tabaco y mariguana mezclados sea más bien in-volu-ción, porque lo dejo cerrado, pero igualmente el papiro se enrollaba de un lado a la vez que se desenrollaba del otro. Siempre hay una abertura para que entre el fuego, para que salga el humo. Así que involuciono con este porro y veo, huelo, siento, pregunto unas cuantas mentiras más, no estaba callado, no estaba inerte. Es que aún no se ha separado del todo el hacer del pensar, por mucho que se empeñen en que lo sintamos así. Pero ya echamos cuenta de que no, no. Porque ese -ción no es más que un trocito que hace de un verbo el nombre de su acción o su estado, y se puede nombrar una acción o un estado, pero el nombre no es ninguno de ellos. Nombres Propios y Comunes, más contradicciones. La línea (que es un índice perteneciente al Espacio) del Tiempo. La línea discontinua de nuestras vidas, o mejor, existencias. Pero la Evolución, ese es otro cantar, esa es prima del Progreso.

Y es que los saberes de los Hombres (porque este ha sido territorio masculino tradicionalmente), eso que ahora llaman Ciencia, nunca han progresado a base de certezas, a base de creer. Quiero decir, no podemos ser un despojo por preguntarnos, que eso es también hacer, y ser sin embargo Héroe de la Masa por progresar guiando la Masa, sobre unas pautas que ya fundé al preguntarme y no me pregunto más, y ante las contradicciones no miro para otro lado, como buen Héroe, me las salto, pues Mi Libertad tiene también dimensión hacia Arriba. Es de macrodimensiones. Por eso, Héroes, Orden y Progreso, efectivamente, como esperando en una cola a llegar al borde de un abismo. Quiero decir que no, que no somos como los animales. Hay la gran diferencia de que sólo el animal sometido, doméstico, puede creer que su vida tiene el sentido de hacer algo, algo más que no sea jugar, sobrevivir, reproducirse, sólo doméstico puede creer en su vida, su trabajo, su objetivo, saber su muerte. Las Personas tenemos como un cerebro más grande, o eso nos han dicho, y es la ostia. Es capaz de matar a otros no por supervivencia, sino por terreno, por ejemplo, o en la gran mayoría de ocasiones por sus Ideas. Ideas Personales, que son como el carné de identidad de los istruídos, que representa una Idea que no es como tal verdad, es algo en lo que hay que creer para que sea Real. Mi Yo. Por eso del creer, contradictoriamente, se va dando la Evolución, y la Realidad nos dice que llenemos nuestro cuerpo de anfetamina o algún otro estimulante. Como los ejércitos. Para hacer, hacer, hacer, rápidamente, seguir haciendo. Seguro que pedaleando en una bici estática con los adelantos científicos adecuados y con una Persona empapada en estimulantes se lograría desarrollar potencia suficiente para suministrar electricidad a una urbanización o uno de esos rascacielos. Esta es la Ciencia junto a la Libertad de nuestro descomunal y evolucionado cerebro. Matar por el cerebro, qué gran cosa. Pero ahora, en el mundo más Evolucionado (¿es que hay varios mundos en el mundo? ¿hasta dónde abarcan, los mundos? ¿es que hay varios grados del hecho de evolucionar? ¿no éramos todos iguales?), en el mundo más Evolucionado ahora ya se mata mucho más sutilmente. Casi dialécticamente.

Pero las cosas que sentimos, a veces, para compartirlas, las nombramos, ahí la dialéctica, ahí la política. No estoy hablando de buenas vibraciones o de malos pálpitos. No estoy hablando de feliz ignorancia o indiferencia contenta. Las cosas que sentimos las nombramos, pero es imposible deFINir eso que sentimos, eso que recordamos, eso que vivimos, y sin embargo podemos entendernos donde no llegan las palabras. Ahí es donde vive eso de la vida.

La tierra de nadie, prometida.

Cuando podíamos ser lo que no éramos. La tierra de nadie, prometida, que habitamos era ya casi solo un secarral con alguna zarza, y un olivo. Su fruta es de invierno, se ahoga en verano. Calor a gritos, vamos por la sombra. No tenemos dignidad, nos preguntamos. Cansados de sentirnos cansados.

Cuando podíamos ser lo que no. Tú, vosotros, sois mi sinergia, pero nosotros somos la toxina. Del arco que se lanza de sentirnos, que se tensa. Del vino que nos pierde. Los profesionales de la nada, en la tierra de nadie, prometida, artesanos de la inopia, escultores del aire, en sus callejones prometidos vamos a prostituir palabras.
Cuando volví a decidir, después de haberlo dejado, de haberme dejado, volver a frecuentar la gran mentira de los callejones limpios y puros donde nadie va y están impuestas las putas palabras.

Y si es ahora cuando podemos ser lo que no somos, si somos. Nos preguntamos. Si nos encontramos, aunque sea solo en el fogonazo de una estrella fugaz. Recuerdo, lejos, sí, la toxina del arco. Como animales que corren libres habiendo nacido presos, no, o lo han olvidado. Nos preguntamos. Lejos del fallo, no sé qué es eso de la vida, pero vivo.

Recuerdo siempre, tú, vosotros sois a mí la sinergia, pero nosotros somos la droga.

Hombre

Un día imaginé cómo era la vida del Hombre que no ama. Pensé en el amor y en cómo podría aprovechar el tiempo. Pero al final me aburrí y terminé masturbándome.

Y luego fui a dar un paseo a donde me salió de los huevos, que no me apetecía seguir a nadie. Miré a las mujeres por la calle y pensé en amarlas a todas, y también pensé en algunas con las que follaría. Me emborraché y la vida volvió a decepcionarme pero, como siempre, le di otra oportunidad. Son cosas nuestras.

No le importa a la vida lo que yo piense de ella, ni si me voy con otras.


A veces, incluso, ni pienso, ni siento, ni padezco.
Y me gustaría ser sólo viento
que levante tu pelo,
tu falda, tu manta, tu casa,
tu cerebro.
Recuerdo a una mujer en la bajada.
Siempre o, al menos, en la mañana entregada.
Y el sabor como a hierro de otra derrota,
como a humo, como sangre brota entre mi boca.
Como sueños despiertos cansados, en la bajada.

Pienso en lo que no fue en la bajada.
Lo bailao que perdimos, la función terminada.
Y necesitar o echar de menos los momentos de los verbos:
los futuros que no serán presentes, los tiempos perfectos.
La condicional que amarga la garganta, en la bajada.

Recuerdo a una mujer en la bajada.
O tantas como las veces que caí y no callaba.
No importa, olvídalo. Dirán que no fue nada.
Todo concuerda, no recuerdo nada.

Recuerdo a una mujer en la bajada.
Que me levanté tarde y no decía nada,
y bailaba por la mañana.
Bajo la bajada.
Voy indagando qué sentido puede tener que a veces no quiera levantarme y otras insista en no echarme y solo dejarme caer. Junto a las astillas de una cruz, pecios de una existencia. Qué sentido profundo puede tener eso, qué es lo que sale a flote aparentemente.
Solo tiene sentido ya pensar con tu mirada, consentirse. Dejarse llevar por los derroteros que sean y ahora solo soy un dolor de cabeza.

La banda sonora

Puse esa música tranquila para forzar al corazón a latir más lento, o intentarlo. Desde luego que fue un cabrón el que dividió los tiempos y dio más partes al preso que al libre. Y así se hizo complicada la vereda que veníamos siguiendo, y nos fuimos dejando, campo a través, por lo dejado. Las mañanas y sentir como ir volando a por un juego, pero no sé, igual no encontrarlo de ir tan rápido, que tengo los horarios cogíos.

Vámonos, claro. Ojalá, ¡qué!, que deje de decirlo y lo haga.

Esos otros, que piensen lo que hacen: si lo están haciendo o lo repiten. Que no es lo mismo que el recuerdo. Que cansa demasiado echar de menos. Que los niños son los que saben, sí, dónde quedó eso, lejos, entonces, ahora. Vivimos, ¿no? Esto es eso de la poesía, ¿no? El tiempo, la muerte, irnos apagando y encendiendo y ¿por qué me pica eso? Al final, sólo un recuerdo pero, joder, qué sueño. Qué sueño.

Que, si sacamos nuestras armas, no hay sueño, ni muerte, ni frío, ni mal, ni Futuro que valgan, porque son las armas nuestras como palabras, como la música, que no están hechas de nada, y disparan a los pechos de las cabezas de los corazones, y no matan, ni preocupan siquiera. Podríamos ser el arma del saxofón, grito de madera de roca, y la vida bailando, bailando, no sé cómo, pero ha tenido que ser aquí donde nos hemos encontrado, bichinos huidizos del corral.

Sobreviviendo a la metralla del dineral, que es mierda y nos llueve y nos apalea, cualquier día. Aquí tampoco es que hagamos mucho, pero bien que nos reímos, no hace falta nada.

Son cinco minutos y me despierto, pensando. En esta, en esa, en aquella. En esto y lo otro. En lo mal distribuidos que están a veces los pronombres para dejarme hablar lo que necesito. Se va, no está, queda lejos. Son lugares, cosas, ¿o qué? Eso de la vida, digo. No sé pero, claro, me siento bastante menos esquizofrénico cuando sabemos todos que compramos veneno envuelto en plástico de colores, a cambio de algo de vida, que es a lo que somete el dinero. Qué alegría. Solo es que no demos por supuesto que sí, que el mundo era así, y que no había otra forma de hacerlo. Nos queda, si no, ser como largos campos sembrados por el Hombre, cuadriculados, vida, puede ser, pero predecible, luego Futuro. ¿Por qué repito tanto? Porque repito y me repito, como el ajo, siendo tan claro el huerto.

Otros cinco minutos, hoy no sueño, esta noche no me acuesto, pero te escucho aquí medio deshecho, porque no vamos a terminar, no vamos a terminarnos, nunca. Frío, viento, de lejos corta como el hielo, en una casa azul del cielo de los porreros (casi a ras de suelo, pero no), una hoguera de colores.

La crítica pérdida del juicio del crimen de la razón



Estalla el mechero y la noche se acaba, el tiempo se acaba. No vengo a informar sobre él, sino a formar el mundo; palabra y palabra. Y esos que se preguntan si hay vida más allá de este mundo, ¿por qué no se preguntarán también si hay vida en las nubes de humo?
Por todo y por nada que hay vida y hay muerte y la Realidad... En la Realidad que viva el que quiera, o el que pueda, o el que se deje, si es que no son todos el mismo. Sabrás tú qué hay por ahí y qué no. Sabrás tú mucho, tú eres un listo, un informado, un uniformado a imagen y semejanza de tu ideal, que es tuyo, y que nadie te lo quite.

Dime tú, tan sabio, tan sabedor de su condición de sabio, qué había tal noche o tal día que tan vivamente lo piensas, ansiando no repetirlo, sino más bien cautivarlo, oídme, jueces, en fotografías, y dime tú, tanto que sabes, dime a ver si eres capaz de que yo sepa.
Sabrás tú quién soy yo, algo que tampoco sé. Con esas maquinitas de mierda, de todo lo que se puede ser, soy planta, raíces, ni hojas, ni flores, ni vida, ni nada, solo planta quieta. Que la lengua no miente, las cosas claras, como el mar, claro, azul y profundo. Lejos de la Realidad, emite el mar un grito, es un grito profundo, tan profundo que suena ahora, y nunca más es nunca. Y dices que la vida es como es, viviendo pero vivido, y el cielo, entonces, estaría lleno de infelices, pero tantos no caben. Así que no me lo creo.

Política eres tú, pero yo no tengo opinión política, qué será, política, no lo sé, política. Tampoco me lo creo. ¿Van ustedes a distinguir el crimen, jueces? Están, y están lejos, digan lo que les plazca. Oigo lo que se puede oír, lejos de la Realidad, aquí, o a ras de suelo, allí. Digan, digan, jueces, que estoy preparado, que no tengo arreglo. Así que, ustedes, arréglenselas como puedan, porque no me lo creo.

Con todo, pero, en cualquier caso, sin embargo, quién sabe qué y por qué; no obstante, poco ves, dejas que te muestren poco. Si bien, no hay mal que valga, ni bien que venga. Que la lengua no miente aunque quiera mentir el que habla. Habrá quien no me entienda, pero lo que es habrá, "habrá", habrá muchas realidades, porque lo que es "habrá", es mentira.

  Epílogo: Tú, que hablas desde tu condición segura de miembro del Progreso. Miembro del Progreso. Háblame claro, deja de esconderte. Esto es un rincón de mierda, ya lo sé, de mierda que no quiero tener dentro. Tampoco busco esparcirla por ahí, ¿a quién podría importarle? Es una terapia necesaria. Qué fácil es pinchar con esa pistola esterilizada. Menos mal que sabes, y que sabes que sabes, te sabes sabio. Te conoces, te aseguras ser seguro. Pero conocer las cosas, saber que las conoces, es como matarlas, impedir que nunca más te digan algo nuevo, es preferible acercarse y olerlas sin mearles encima con tanta jerga, con tan buen arreglo.

En cambio no sueltas la carcajada que dejará ver con qué muerdes, si es que muerdes, pero no cómo masticas, que lo importante es un cómo y no un qué. Será ridículo, seré ridículo, pero no me conozco. Qué risa ser un mono, eh. Pues sí, mire usted. Cuanto más sincero me soy, más fuerte y desagradable huelo. Y llevo pulgas, garrapatas y me sobrevuela una muchedumbre de mosquitos, me comen los bichos, y todo eso... Es que yo también quería reírme, pero no sé si quieres escuchar esta carcajada, es que no, ¿no?


Es que sabes demasiado que es malo lo que es malo.

Una (última) canción a El Amor

¿De estas ganas de nada, de esta desgana, qué te crees que he aprendido? Adivina, nada. Cuantas más personas había, me sentía más solo. Pero loco, lo que se dice loco... No sé.

¿Tú quién eres? Yo, que conste, ni idea. Tus abrazos eran sólo un abrigo gastado, eso no abriga una mierda. Tus besos eran copos de nieve suaves, y eso mete un frío de la ostia. Tu culo, un banco de piedra, tus tetas... ¡Ay, esas tetas! Eran relleno de folios arrugados de poemillas de poetas de mierda. Eras todo mentira y yo con frío y un ramo de preguntas sin respuesta.

Estoy hasta los cojones de que me pidas fuego, me des un beso como un gargajo, y que mañana me lo devuelvas, ¿dónde está ese puto día, que tú sepas?
Tengo ganas de fumar y de que me den candela, que yo no tengo fuego, solo piedra para romperla en la cabeza del primero que me diga que qué horas son estas. De follar, supongo que será más lo que follaremos de lo que hemos follado, que yo aquí veo mucho bajarse los pantalones y poco polvo: después de tanto maquillaje, tanto condimento, tanta historia, y al final el plato ha quedao mal aliñado.

Me cago. Me callo, quiero decir... o que me caigo, no lo sé, me he tomado una infusión de nosequé y no sé lo que hago, pero no veas lo bien que me ha sentado. Otro vaso, otro trago. Joder, qué bien me está sentando. Qué bien, o no, he olvidado qué es bueno y qué malo.
Amor propio, ninguno, apenas me la machaco; pero hay un mono con la cara pegada a la ventana que me dice que lo haga, que qué hago, que si pasa algo. "Aquí no pasa nada", le digo, pero el mico de él no se lo cree.

Y vuelvo a morirme durante un momento, olvido la muerte y se aleja, me seguirá de cerca, dice, "¡que te jodan!", le digo, pero no suelta prenda; pero me la suda no verla desnuda, ya nada me tienta, es sólo una Idea: fue un error de medida, no utilizábamos la palabra correcta.

¡Como si fuera lo mismo la lluvia que escribo que una figura de cabeza gacha, brazos caídos y palmas hacia arriba, abiertas, fundiéndose en el agua fría que un enero frío le ofrezca! ¡Como si lo viera!

Si al menos hicieras algo que no fuese lo que de ti se espera... Si no fueras tan Ella, tan sin presencia, tan Idea... Se acabó, hay luna y, si te la comes, no llena. Se acabó, he venido a borrarte con una piedra, pero estoy hecho polvo y ¡qué coño! Si tienes que esperar, espera.

-Amor, no me mates, mañana vengo.- dijo.
-Amor, que te mueras.-

El Individuo Cualquiera (corte uno)

El Individuo Cualquiera nacerá en un hospital, a manos de otro, llorando, bocabajo, azotado. No es condición imprescindible para ser El Individuo Cualquiera pero, el hecho de que suceda en tal ambiente este misterio de nacer, acorta los plazos, agiliza los trámites, acelera el precoz proceso desde un ser vida, digamos, hasta estar computado como El Individuo Cualquiera, un número archivado en carpetas ordenadas.
 
Es mediante este proceso como se va eliminando la vida verdadera, vida sin adjetivos ni complementos, es así como nos la van robando. Es definitivo que el proceso comience lo antes posible. Gracias que la culminación de este proceso es imposible de alcanzarse. Las moderneces técnicas avanzan y devoran tierra libre, y ya cada uno desarrolla una personalidad desde su sillón, él solito, enfundándose en su máscara, el Yo engañoso al que intenta infructuosamente engañar. Pero esto sucede algo más adelante. Desde el nacimiento, cuando ya se sufren los primeros golpes del proceso, se siente la imposibilidad de llevarlo a cabo porque, ¿de verdad eso vivo que casi nació llorando antes era un nosequé redondo y nosecuál pequeño renacuajo? ¿y hasta cuando ha sido eso o una madre, o una madre o eso? Además, eso-algo-alguien en la cuna, por mucho que nos empeñemos en adoctrinarle para que sea un buen El Individuo Cualquiera de provecho, se caga encima y llora atronadoramente si no alcanza la teta, sea la hora que sea, también los domingos.
 
Siempre correrá vida por los adentros y las afueras de un individuo cualquiera, por mucho que se empeñe en demostrar sus méritos como Individuo Cualquiera, y en estos primeros compases del proceso de robo, eso se siente estallando por doquier, y sabemos que no puede ser de otra manera. Dibujaba un arbolillo primero, luego se le educa en contar manzanas.

Palomita sideral

Agujetas del campo de batalla de la boca a la garganta, sesión de maravilla sensual y palomitas siderales.
 
 
 
 
Escribo cuando mejor estaba cantando y ejercito lo vocal bucal en lugar de la escritura. Podríamos enrevesarlo todo con un léxico rancio, en estilo altisonante, en fin, presumiendo de un talento eximio consistente en eso mismo, presumir, por si no nos hemos enterado de una vez ya de que ninguna verdad necesita maquillaje. Todo lo demás es violencia, leí por ahí que decían del Poder sin justicia. En esto también, la retórica, el maquillaje, es la violencia puta. Hasta ese punto tenemos que deshacernos.
 
Encontré que me había perdido masticando palomitas siderales nacidas de la tierra, de la mismísima roca. Al remojo de las lluvias de un otoño, de todo otoño habido una vez entre lo que verdeguea, tocan las manos con otra ternura, como si deshiciesen los callos que la Realidad ha formado en las yemas de nuestros dedos. Es eso, más que suave, tierno. Ahí perdido. También perdido en unas piernas leves, librándonos de preocuparnos del agua para otro año, vamos como aligerando, flotando. Al remojo y la piel como aquel verano, cuando el viejo pescador recordó que allí una vez se dieron bien, y todos a plantarlos, de las yemas de los dedos, la piel, como garbanzos. Ahí perdido.
 
Alguna música también despliega este olfato, este oído, esta vista en el plano de una esfera, en todas direcciones, y esto también es liviano, con conexiones tan esquizofrénicas, los enlaces neuronales van saltando jocundos, de cepellón, de mata en mata, y todo se entiende mucho mejor en un caos primordial.
 
Vamos cabalgando una ola que a veces se frena avivándola y acelera y sube echando el ancla, es una ola que ruge y que habla. Es tan capaz de arrullarte y disolverte con ella como capaz de, con un rugido, zarandearte alejándote del fluir de ir en la ola, de una en una, con la ola, ser la ola. Porque entendemos que parte de la ola, o que la ola, queda allí al batir la tierra, y parte de la tierra, o la tierra, vuelve a las olas coloreándolas. Así vuelven las olas. Ahí perdido.
 
Serán más recuerdos que ganas, pero aquí en la orilla se nota el tirar de las olas a la mar, la resaca, que le dicen. Que le deja a esta ribera salada todo el tacto a flor de piel, el tempo larguissimo del coro de olas con eco, los olores del horizonte en la punta de la lengua. Ahí perdido.

Perito en llamas

Me compré una libreta muy chula, y no salió cara, de verdad, fue una lástima que el lápiz estuviese en mal estado, rota la punta por querer sacarla demasiado. Pero el papel sin duda es bueno; bueno, aquí hay, en realidad, más celulosa, luego el papel es de mejor calidad, lo que no implica que sea bueno, murieron más árboles para hacer una tirada de estas.
Que, en fin, para albergar el oficio minucioso de formar ramilletes de diminutas florecinas arrancadas que querían estar sueltas y quedaron atadas con el innegable vínculo de la tinta o el grafito, la cadena de palabras.
 
Aparte de esto, dedico mi tiempo al peritaje de llamas. Soy un perito en llamas. Las he visto de muchos colores, de diferentes olores, tamaños y formas. Trazo el perímetro en la letra o con humo, vaya, que hago la o con un canuto. Y poco más, no hace falta tanto para ser perito en llamas. Claro, también quemarse, también me he quemado, porque hay que jugar con fuego para el buen peritaje de las llamas. Eso hace falta para ser perito en llamas: no ser yo tan yo mismo, ni tú lo mismo, ahí, con las ideas, las mías, las tuyas, las suyas. Si en un momento loco, donde hay casos de desaparición completa del Tiempo, sucede eso, eres ahí, como un animalillo, preguntándose si el fuego estaba en la leña, ¿dónde es de donde ha venido? Hipnotizante y, ahí, dejarse dormir al lado del fuego.
 
Les hizo gracia cuando iba con mis deberes a mano, deseando soltarlos, limpios, sucios, qué más daba, era un contrato y de ley cumplirlo, desde niños. Por eso elegí deformarme como perito en llamas, hay que saltar varias hogueras, tragar mucho humo y pisar algunas brasas, qué oficio tan confuso, tan duro, qué mundo tan injusto, lo que es, es un inmundo. L'immondizia.
 
La difamación y la infamia por no poner buena cara cuando no nos da la gana no consiguen nada. Porque es lo cercano, lo de unos cuantos peritos en llamas, además de quemarse, es el ultraje, el hecho, el dicho, el sentimiento de que vamos más allá, no sabemos dónde pero el foso este, el envoltorio este de plástico con forma de globo, va a caer, se va a pinchar, esta red, ese es el ultraje cercano a cualquiera perito en llamas, cualquiera menudillo pájaro en su vuelo o posado antes de lanzarse al aire, a ello. 
El aire es necesario para cualquier fuego. Y un perito en llamas no es esperto en hacer fuego, sólo en comer, dormir y preguntar, básicamente es poco más que eso. Y un poco más puede ser todo, indefinido: en favor de un placentero peritaje, nos encendemos con eso otro fuego, en otro fuego. Ardemos y, si no jugamos, nos quemamos, no esperemos.

Aquí no pasa nada

Se me olvidaba casi todo de aquel poema que no fue otra cosa que la banda sonora de la inocencia, no pura, menos mezclada quizá. Éramos igual de jóvenes, estábamos igual de poco hechos, sin terminar, pero cargábamos con otra fuerza, embestíamos a mordiscos. Ahora, como en aquella película, estoy haciendo un túnel con un martillo chiquinino, y venga pico, percuto, pico, inquieto, que no me oigan, aunque ansío salir para despertarles, ¡cómo si pudiera! ¿Adónde vas a ir, y cómo?
Lo soñaba como la soñé a ella, caminando llamándome desde lo incosciente, pero era más bien una Idea, no la había; y tanto, fue pensarlo y se había marchado, dejando como monumento una mancha y algún olor, no entendía que era un juego. También soñé en el idioma del imperio en decadencia y con narices de payaso tiradas por el suelo, rotas, la sangre era espuma. No fue un sueño bonito, pero los sueños no son bonitos, sino tu sentimientopensamiento verdadero.
Es un problema ver el reafirmarse en los prejuicios de aquellos que creías haber desnudado al desnudarte para ellos, pero, a ver, que tampoco me quedo en bragas, ni pierdo el tiempo. Sobre todo, quisiera decirle a aquella voz cantante romántica, el de las sandalias, que son necesarios poetas, sin ese nombre, sin ínfulas, sin tragar que, por llamarse señor de las estrellas/ era normal de dios que se endiosara, son necesarios poetas en tiempos de miseria porque es necesario reconocernos cantando la vida sin rito. Pero por eso mismo es tan cierto, qué importa ser poeta o ser basura, porque ser, lo que es ser, no sé, pero estar, sí parece que estamos, aquí no pasa nada, ¿ahí?
 
 

Crisis


Usando una técnica filomongola y llevándola a ese terreno tan escurridizo de la etimología:


Crisis. Sustantivo femenino, abstracto. Del latín crĭsis y este del griego κρίσις, con la raíz *κρί- del verbo κρίνω (cf. lat. cerno) (separar, distinguir, escoger como significado primario y de ahí al plano nocional decidir, juzgar) y el sufijo nominal *-σις (nombre de acción abstracta, puede espresar también el proceso en sí), el caso es que vendría a ser: acción de separar, separación, distinción, y nos vamos al plano nocional, juicio, desenlace, crisis, disputa.

O no.

Dejen de protegerme. No les necesito. No le necesito, señor agente. No le necesito, me sobra, señor director, señor gerente, señor presidente. Del gen que nos une, llevo una herida en la piel que hiende un cuchillo mellado en mis carnes, y lo remueve. Patrias y padres, dejen de preocuparse por mí, dejen de protegerme, no pueden protegerme de ustedes, de sí mismos. De ustedes, chupatintas y vivalavirgen, de eso necesito protegerme, dejen ustedes de protegerme: de nosotros, de ti, de mí; no les necesito y ustedes no van a conocerme y desarmarme, no se acerquen, hieden. Dejen de prohibir, dejen de esconder, dejen de mentir, dejen de vender. No necesito agentes, seguridades, vallas, horarios, no necesito publicidad, televisor, no necesito teléfono, no necesito silencio, ni orden, ni ordenador. No necesito papeles, no necesito estadística, no necesito calendario, no necesito madrugar, ni tarjetas, ni bienes, ni muebles. Dejen de protegerme, dejen de comprarme con venderme. Dejen de mirar por mi salud, por mis hábitos, por mi futuro. Dejen de matar a este presente. Que se vayan. Dejen de protegerme. Dejen de desangrarme para indultarme después. Dejen de registrarme en sus listas, dejen de hacerme fotos, dejen de medicarme, de controlar mis líquidos, mis músculos, mis grasas, dejen de ponerme nombres, dejen tranquilas mis cicatrices, dejen de vestirme y de maquillarme, dejen de cocinarme y aliñarme, no van a comerme. Dejen de protegernos, no lo necesitamos.
 
Que a veces podemos creer que queremos, pero necesitamos caernos y tropezarnos y hacerles caer. Que queremos sentirnos desde tu boca hasta la punta de las uñas de los pies. Que queremos olernos por detrás y por delante. Que queremos tocarnos por abajo y por arriba. Que queremos escucharnos alto y oscuro, bajo y claro. Que queremos degustarnos enfermos, locos y sanos. Que queremos enloquecer de tanta cordura. Que queremos sudar sangre de tanto dormir. Que queremos vernos las caras en lo oscuro. Que queremos solo cubrirnos del aire en invierno y taparnos de sombra en verano. Que queremos solo ver por el día y después intuir de verdad por la noche. Que queremos que nos duelan las costillas de reírnos y la pelvis de mezclarnos. 
Que necesitamos olvidar la serotonina y vivirnos, hablarnos y sentirnos. Que necesitamos olvidar las vacaciones y deshacer el trabajo, y sacarnos, por lo menos, el tornillo ese que tanto nos está apretando. Que necesitamos olvidar las neuropatologías y gozarnos una locura bendita. Que necesitamos deshacer el sexo y recordar el nexo, como decía uno, o lo que sea.
Que sabemos que es mentira el Espacio del Tiempo y que lo que de verdad importa es antes y, casi nunca, siempre; pero sobretodo ahora. Sobretodo ahora.
Que no queremos protegernos, no recuerdo quién lo dijo, pero no hay libertad sin riesgo.
 
Sin riesgo hay seguridad. Seguramente, acabar dementes repasando cuánto mentimos y nos engañamos sin hacer lo que sabíamos que necesitábamos. Cuando se acabe el Tiempo. Hay, en cambio, la esperanza de la desesperación, el hambre, desde la derrota, desde la nada que perder. Que lo queremos, que la necesitamos.
 


De las cosas el llamarlas

¿Quién daría nombre a las voces? ¿Quíen fue entonces eso, quién?
Quién lo va a saber. Pues que cuando un macho alfa intenta proyectar la inmensa sombra de la genealogía de la moral, pues, psché, se vuelve niche y el foco de batman, como en las películas y tal. Que no es por nada, que según mezclaba personas enjutas y fracasadas iba este otro recordando el Demian, y eso de que a cada crítica sentida que señalamos nos sumamos otro defecto, otra culpa, otra condena. Como si no fuese bastante haber nacido y que te enjaulen entre nombre y apellidos, origen y dirección, entre puntos y mayúsculas.
Y él decía que él-otro decía que los nombres a las cosas se los dieron los fuertes, los nobles, los valientes. Vaya, eso de ponerle nombre a las cosas es como decir acordar según qué cosa, qué otra palabra vamos a decir, vamos, que no pueden coger estos y decir, punto, lo hago. Qué voy a decir, quién, no me lo creo. Sí es verdad, no obstante, que te pueden hacer creer eso, que en realidad no pulsabas sino que accionabas, que lo que te une es una red, que no te estabas vendiendo a (pre)determinados intereses sino que comprabas. Porque, sabiendo que él decía que él-otro decía, y que él-otro no hablabla en la misma lengua que él, quién es el valiente, el fuerte, el noble. Bueno, aquí hay un código que no falla y lamentablemente no es la música. Es él otra vez. El falo del gran fallo. El gran fallo del falo. Eso.
¿Otra vez con lo mismo? Igual que el carbono catorce no sabe absolutamente nada de aquella tarde en la azotea, no hay razones para colocar en el mar que es la claridad del pasado, otra vez, un fallo erecto electo del falo, o al revés, pero no es necesario. Es más, ¿cómo?
Si es la tierra, cobijo de vida,
siempre y nunca, esta,
y se mueven hasta las piedras.
Pero si sigues empeñado en plantar odio y cavarlo con el falo, el fruto será amargo. Esa es la verdadera justicia. Entonces, eso, que se subraye que me invitas al café, también es el patriarcado, y yo ya no sé cómo deshacerlo, si lo hago, si lo hice, si lo he hecho o lo he pensado. Hay que sentirlopensando. Y de verdad ir con esa jeta de estranjero por ahí, porque tú no sabrás quién soy, pero yo tampoco. Y quizá ese es el gran problema, esa mayúscula que le pusieron al yo ese, este. Él es también ahí otro gran falo, ahí colocado, lleno de polvo, de sucio dinero. Qué puto asco. Ahí donde llevo los objetos personales, ahí es donde me doy más asco. Entonces salimos de este rollo, vaya gran falo, mucho más hermoso si hubiese sido un coño, que no coñazo, por hablar claro. Ya, claro, por hablar. Por hablar, claro.
Que también, qué risa, me deshago, y me da lo mismo a la tarde si vas por ahí empuñándolo, como gran enseña y baluarte, se va a caer, el gran falo. Tengo poco, y lo que pesa. Lo que llevamos, que sea tanto que no nos pese.
Que sea tanto que me despierten otra vez las tormentas de tu estómago, caja de música viva, y por si acaso, que también traigamos muro y ese muro lo derrumbemos de los calores o del frío, o no sé, pero nos vamos derritiendo.

Los fuertes, los nobles, los buenos, los puros, hagan lo que les plazca, vayan con dios, junto con todas las posesiones, que nos estaban robando la vida.

Terapia de locura para mentes enloquecidas

 
 
 
 
Satélites lunares recorriendo universos de finitud indeterminada.
Nada hay mejor indicado para un espacio de esos de cordura retorcida, de pensamiento ondulado, nada mejor para uno de esos accesos que la más loca locura. Repito, hallarse perdido en el manantial primigenio de la vida, que brilla, oscura, traslúcida, que fluye arraigada. Fluye suave, lento.
 
Más.
 
La terapia de locura acostumbra a no saciarse, tiende a la adicción, y a ser disfrutada entonces como infinita por su intensidad.
 
Fuerte.
Por su naturaleza ondulada, no siempre, pero sí hay veces que tienta a los silencios de las oscuridades, con ímpetu, con arrollador empeño.
 
Es terapia de camino y palabras y varias vueltas a lugares que resuenan, pero desconocidos.
Medio día con prisas, el otro medio sin tino y, vaya, se acabó lo que se daba, habrá que dedicarse una vez más al oficio del invierno.
Contra eso se hace la terapia de locura, que huele a agua salada. Sospechar de la cara del sí mismo cuando muestra un interés, como en los negocios, y así impedir siempre que se cuente rollos.
 
La terapia, en términos reducidos a poco, consiste en un impulso eléctrico, enérgico, por la columna hasta el cerebro hasta el aliento del aire de fuente de vida que envuelve a algo que está vivo.
 
 
Y así nos vamos desenvolviendo.

Sobreviviendo con el enemigo

Si algo puedo afirmar es que soy pura contradicción.
 
Hago el oficio de jugar con las palabras, cuanto más pongo de adorno, menos de verdad. Me dedico al estudio de un silencio aplastado, a las labores de las relaciones sintácticas que dictan las estatuas, me esmero en reflexionar los diálogos de máscaras sin enmascarados, persona, decían por aquí hace nosecuánto. Sobrevivo con un sinvergüenza autoritario cuando no me ve nadie. Me empeño en sacar brillo a los rincones inhóspitos de mi cueva. Siego con el filo de una navaja el viento en paro, ¿de verdad dices que es aire? Eso creemos.
 
Soy, sin embargo, un temblor de barbilla, una garganta rota, un espasmo eterno durante un momento. Soy, no obstante, un despertar inquieto, unas entrañas sobrecogidas ante una mirada, una mosca perdida del espacio y del tiempo. Nunca soy el primero, sino tú. Somos pura contradicción, puedo afirmarlo.

 

Mi mono aoristo

Más que nunca, qué le importa. Va a agarrar el presente una vez más, está seguro. Se presenta como algo en un espacio infinito entre jadeos y sudores, esputos y zancadas largas. Pero es esa elegancia del dejarse llevar, dejarse ir yendo por lo más íntimo y común, por lo más profundo, por lo más oscuro. Lo mantiene aún con fuerzas para bailar, otro poco. Fuera un vivir remojado, el tiempo suele pasar pero, ay, a veces se para. Y ahí está el presente, con su oscuridad luminosa y, venga, un claro de luna azul, digo, de lana, digo, de ládano, o no sé, algo para esos bronquios tan cansados, un quedarse pegado a esa rama de pies, de caderas, de morros contra la rama, pero a favor de rama. Y, ¡qué hambre! Casi se oyen desde aquí los estómagos rugientes y los huesos crujientitos de comerse. Hay que ver, que no para de describirse en curva en su pensamiento comportado, o nosequé, que va como temblando, le pesa la altura, la hartura de hartazgo; le impulsan los pies y las manos y la boca salivando los placeres de la boca, le impulsa el presente brillante, una lanza incrustada de obsidiana le da sombra sobre su cabeza. Es como un baile con la muerte, por no darse la engañosa ambición de volver a nacer, porque ¿quién era entonces? Qué le importa, más que nunca, ¿fui? Bah, o he sido, ¿ser? que no, no, que va a agarrar el presente, vida, de cara al presente, subiendo y bajando. Ahí va, como una onda herziana dibujada por un pulso irregular, su frecuencia, asfisiante, tanto como su inestabilidad, ahí es donde baila, cara a la rama.


Y, por fin, después de tanto subir y bajar, consigue alcanzar los plátanos. Agarra el presente.


Devora el presente con ansia, pronto no quedarán de él más que los gases por haberlo comido tan rápido. Lo único de su ser que sube al cielo. Entonces solo queda recuerdo revivido, un algo de vida que vuelve en un olor, en un color, en una textura, en un sonido. Y, después, derrota. La derrota no es un estado, sino una perspectiva. Ahora, con las manos doloridas ya y rotas, puede hacer con ellas cualquier cosa, puede hacer de ellas lo que sea. La derrota le lleva a perderse en millones de años de evolución, en millones de años de ser una creación divina, la derrota le lleva ahí, a ese caos -que no es desorden sino lo que hay antes del Orden- a ese caos de perderse ahí, entre dios y una tortuga, y resumir el estar del universo entero y toda su Historia en un puntito, un puntito aoristo, sin número, sin duración alguna, tan fuera del ritmo por ser el ritmo desnudo entero eterno, es como todo el movimiento posible metido en un puntito desarraigado de la Humanidad, del Tiempo, de la Realidad (nosabeaná), de todas las Leyes y Padres y Patrias. Ahí en ese momento es cuando le habla una verdadera lenguamadre que no tiene gramática ni sintaxis más que la de esprimir la verdad de un-ir-siendo. Y pronto volverá el hambre de la esperanza, mi mono aoristo querrá ser futuro y no sabrá que no, que no es posible, no sabrá que solo en realidad -y no en verdad- se puede creer querer, sabrá que eso no es vida hasta que vuelva a ver el presente brillante, y otra vez sube y baja, onda altibaja asimétrica, ahí abrazado de cara a la rama, en un presente aoristo.

Odiaría ver su nombre escrito

  Jugamos con las horas. No sé si era ese tu nombre. Pero no importaba, por qué iba a ser todo lo demás real, cierto y no esto, si hemos fundido mañana con nunca. Es la oportunidad, lo que de oportuno tiene quitarse la careta habitual y proponer otra, pero esta vez a ojos de toda la gente, abiertamente, no se engaña a nadie si se acota el juego mediante la costumbre: entonces jugamos, sin juzgar, qué bonito ser nadie, don nadie sinruedas. Sin elección no habría entonces juego, se podría pensar, pero no, jugar es una necesidad, hagámoslo con las horas. Estaba oliendo la vida que late entorno a ti, lo que llaman hormonas será, aunque solo parezca que estoy callado, parado, a la luz de una hoguerilla se ve todo más claro. Aguante y se levante la música siempre, siembre y recoja, pero la música, una musiquilla siempre entretrenzada a través de ello; y llevas el cielo teñido de claridad en tus cuencas de vida torrencial, es un reflejo, habrá amanecido ya mientras las avecillas se desperezaban. Alberi stanchi e facce bugiarde è quello che troviamo mentre siamo a tornare a casa, ma ridiamo, mah! Chi si ne frega?
  Así que así, sin saber cuál es el canto, en qué número o qué espacio, que cante un viejo roble al ritmo de la vida ahora que la luz va creciendo y va pareciendo el tiempo mayo, de la buena diosa:

"¿Sabéis, mis cielos,
dormidos ojuelos?
Que es todavía Enero,
frío y sereno,
pero
por las mañanas en el huerto
están llenos
los almendros
de trinos y zureos,
silbos y trémolos y gorjeos.

Y me despiertan
las almas a medias,
y en el oír se quedan
medio traspuestas.
Pena
(y ya el pensarlo me desvela)
que no sepa
conocerlas
por nombres y por señas
en la coral cada voz y cuerda.

Dudando opino
"Aquel es el mirlo";
"y ese quizá el chorlito
o el herrerillo"
digo;
pero y ¿aquel del triple trino?
¿y el del tímido
silbatillo?
¿y aquel del tutovío?
¿y ese del lánguido gorgorito?

Ay, no, no puedo
ni dar, como debo,
a cada uno de ellos
gracias al menos.
Cierto
que aunque los nombres les supiésemos,
de Linneo
o del pueblo,
tampoco fueran esos
nombre de aquí no de aquel ni estos.

No tengo propio
ni nombre ni apodo
de cada voz que oigo,
y lo deploro.
Sólo
que tantos versos que conozco
y con gozo rememoro,
no sé el autor tampoco
ni de quién son, si de uno u otro.

¿Serán de Eugenio?
¿O son de Guillermo?
¿O de Gabriela? ¿O Sergio?
¿Eran de Homero?
Y eso
de 'Homero' ¿es nombre? Y ¿de qué muerto?
Si lo pienso,
no me acuerdo.
Y tantos palabreos
que han de volar por ahí sin dueño!

Volar, las voces:
el nombre lo roen
en el desván los ratones
olvidadores.
Con que
no por andar buscando informes
de cantores
ni sus nombres,
dejéis de oír, amores,
lo que al quebrar de tus sueños oyes.

Oíd, oídlos
zorzales, ovidios,
dílanes, estorninos,
tordos y píndaros,
vivos,
villones, burnes, andarríos,
y arandillos,
y virgilios,
rosvitas, zarapitos,
paros, arquílocos o cernícalos,

y colibríes,
pinzones, manriques,
chovas y holderlines,
góngoras, kitíses,
miles,
jilgueros, aliguieros, buitres,
cucos, rilquies
y valmikis,
sisones y dinises,
tórtolas, ésquilos y valeríes.

Amores buenos,
a ti todos ellos
te los regalo, en estos
hilos del tiempo
presos,
que tañan tus oídos tiernos
cuando el cielo
del invierno
yendo a asomar, ojuelos,
casi queráis florecer del sueño."

Agustín García Calvo



  Entonces, ¿por qué llamar vivir a lo que no es vida? Ah, ya lo sé, somos indulgentes con esas pequeñas mentiras del día a día, condescendientes y llegamos a indolentes. Pues esa es la principal cadena, el hilo padre que nos sujeta, el alambre de esta jaula tan coqueta, iluminada por un neón que reza "Te Damos Todo", y es mentira puta, prostitución, sustitución de lo verdadero contra la que hay que luchar. ¿Por qué, entonces, eso de antes? ¿Tanto nos seduce ese futuro, ese mañana que siempre va a llegar tarde? Compañera de la encina, Lisístrata, deletriz de ejércitos, perfumada, pringosa, impregna de tu veneno, imploro, a los hombres, guerreros, que luchan siempre por el futuro escusándose en el pasado.
  Nos da hambre el pan de mañana, decía el roble, no el de hoy, y ¿quién te escucha a ti, con el resabio de la voz áspera que retumba y derrumba, quién te escucha en desde la montaña? Un cestillo quiero llevar con semillas de poesía que se canta, digo que quiero pero necesito, poemas como antorchas que soportan en su apariencia de palabras y en su presencia de música un fuego, una hoguera oscura transeunte de espléndidas acequias de niebla.

La prole incrédula del Cielo

  Hijos con nombre confundido y del mar. El malsueño, dicen, y una lechuza. Apilamos montañas para subir y gritarle a los dioses a la cara su mentira, toda la vida. Vencimos a la guerra en el bronce, pero el hijo del olvido nos devolvió a la tierra, madre, habla, lenguamadre. Ya solo se ve la luna reflejada en la ventana, y el campanario son aquí aires acondicionadores encerrados goteando. No sé, somos tantos. Vomitamos chorros de derrota, despertamos con una mentira menos, por lo menos. Y le damos vida a las palabras, entonces, un árbol es un árbol.
  Es verdad, los puños de las letras noquean en tragos, los largos a la mandíbula, y los cortos al hígado, que duele un poco después. Y al final mostrarse también desaparece, lo que tengo es un robo y una mentira y somos los hijos bastardos del odio, necesitamos quitarnos de encima el dominio y no queremos dominar nada: este es nuestro territorio, es tuyo. Y la mano invisible se la metan por el culo, ellos, asesinos de cualquier vida, ladrones del tiempo. Nos roban hasta el espacio. Ante eso, contra sobre, política del fuego, y saldrá humo, y sale humo, ya va oliendo, apesta, es negro, parte a su paso el aire. Esta política son nuestras manos, abriendo los muros del mundo y derribando puertas escondidas.
  Hace frío, las manos no se calientan. La boca me arde, y en el cuarto hay una hoguera. No sé conducir las cosas, apuñalen la vida de un muchacho, hemos perdido muchas y por no hablar a tiempo, por callarnos eso que sabíamos. Miento, es que necesitamos que termine este dolor, ella lo sabe, y también que te traeríamos a un nosotros, lo sabes como sabes que no se nota la caligrafía borracha si se escribe con esto. Joder, no, no tenemos necesidad de otra libreta, es que necesitamos que termine la bilis negra de los fármacos sustitutivos, de los falsos timoneles hipócritas, del entierro de las piérides (impías, caprichosas, ventoleras como son las verdaderas) en la fosa común de la gran torre de balas, del misil erecto.
  ¿Vamos a engañarnos porque sé que durarás siempre? No, eso a ti no te importa, y no sé si eres fuerte, pero arrastras barruntando una duda enorme que no permitirá que te hagan pedazos. No. Tú, aquí. Ahora. Y ¿vamos a engañarnos con la falsa victoria cotidiana? ¿O vamos si no a celebrar cómo bailamos en la tragedia del baile de máscaras? Más lento, eres puro nervio y, en verdad, sabemos que  se nos da bien este medio tiempo o, bueno, entero, lo que sea, la distancia corta, ahí nos medimos sin clase alguna de metro. Al ritmo loco de la risa marchemos, que siento si no que me hago viejo; al ritmo loco de tu lengua impura, no se olvida y siempre habla. Es un tono menor por los olores y las circustancias, y los pronombres; son unos plurales inacabados, una primera persona por terminar, una balsa a la deriva de la derrota del mar. La mar, habla, lenguamadre. Son claves armónicas, de la conjura y el hechizo, entran todas. Hipnotiza, falta en esta jodía realidad, traigo los bolsillos cargados de hambre y sueño, hambre del tiempo que me robaron, sueño del futuro que me vendieron y duermo poco, y no descanso: ya no sueño. En realidad, nos intenta terminar. Apilados en orden abajo, ellos en la tarima. Y no sirve de nada un yo sin un tú, ahí, tan pronto, esta primera persona se acaba. Los plurales entonces son varios, y algunas veces, las más dolorosas, mentiras: es que queremos que aplaque una hoguera los escrementos dañosos que están sobre nosotros.

Tersícora, que bailas en la tragedia

  Está todo bajo control. Si está, es porque no es: entonces podemos suponer que no se mueve, entre otras cosas, eso quiere decir que esté. Aunque, estando en subjuntivo, quizá no sea tan verdad. Quizá, chi sà? Vaya certezas. Poco a lo que agarrarse, entonces. La empapo en licor inflamable y prendo la corteza, tal vez huela bien. Tal vez, no creo. Porque la corteza solo puede ser lo que no queremos llevar cerca del fuego del hogar, pero no en él. Ah, no. Confundí la cáscara con la máscara.
  Me acordaré entonces de la musa de las canciones corales, la de la danza y, bueno, le añado el fuego y poco más, porque hace como que para ello. 


  Y si ella se acuerda, entonces quizá traiga el ensueño del ritmo. Entra el ritmo como el humo de la buena hoguera dulce. Si se acuerda, que traiga la única certeza de derribar monumentos de sangre. Y el fuego quemará todos nuestros papeles. Si se acuerda, seremos unos indocumentados. Pero si además llega la melodía, y la tónica es el sol menor, que tanto no calienta, del invierno: ahí, nos da igual, es más, nos alegra no tener papel alguno, nos alegra. Repican en el pecho los ritmos de las piedras, derrumban muros, muros abiertos a la vida. A ver si nos sonríe, no sé, la niebla, la luna, por ser la acostumbrada encomienda, por la lechuza y todo eso. Entonces yo me acordaré, siempre, del ritmo, en verdad, en él inmerso desaparece el tiempo, que no es poco, y canta. Me encuentro como sembrado en el ritmo, como una vuelta en una vuelta en un istante inmemorial, como fractal o así. Vuelvo en un torbellino girando sembrado en este bucle azul eterno.
 

Δημοκρατίᾳ

  Es la verdadera justicia la que hace que brote la simiente. Árbol ya, decía:

  -¿Sabes? Os he visto a lo largo de lo que llamáis Historia, la Historia de vuestros vencedores, en todo caso. Sois el más ridículo de los animales. El resto de eso que llamáis naturaleza, lo que sea, siente sus istintos y es capaz de satisfacerlos y para ello no necesita ser cosciente de que lo hace. Llegasteis a la cima muy temprano, adolescentes, y vuestro regalo se convirtió en anomalía. Una vida puede resumir vuestra Historia. Y seguís tropezando, enjaulados, cíclicamente, y el tedio que  os causa el ver os está dejando ciegos, hastiados de escuchar, os vais quedando sordos, el prejuicio hipócrita os ha hecho perder el gusto, el tacto... Por no hablar de lo que hacéis con la nariz. El día de vuestra Historia en que seáis coscientes de vuestra respiración dejareis de respirar y ese será vuestro fin, tanto mejor. Peor que todo eso es que vuestro vivir apresurado ya no es vivir y solo vais muriendo. Los árboles nunca sabremos que somos mortales, nunca moriremos.

  Y yo pensaba, mama, razón tienes, nos veremos comiendo pan de bellota y quizá entonces lo entendamos. Necesitaremos llevar con nosotros el ver morir los miedos, el derrumbe de las ideas y sentir pensando lo que vaya pasando, y no llevar herramienta alguna. La alternancia diaria se ha vuelto loca. Se ha salido del paradigma, y no lo nota nadie. Es esa vida que enseñas tan leve como livianos son los problemas al olvidarme de si seré, o nosequé. Me llamas. No, no me equivoco: tú me llamas. No veo bien si es un perro o un lobo, pero un animal es un animal, eso está comprobado. No sé si me apetece andar metido en once varas de zarzales, pero, bueno...Sí, sí, me apetece, ¿qué podría decir, a ti qué te parece? Lo que se te muestre, vaya. No estoy nada seguro de mí mismo, ni de nada: soñé que era el perro de un estudiante griego  mordiendo a uno de la αστυνομια, rectores de la alta ciudad, no donde antiguamente moraban los dioses, que ya abandonaron la tarea, sino de la ciudadela, guardianes del orden de los números de las cuentas del capital corriente. Ni aquí estamos tan lejos de un perro, o de una oveja, como lo estamos de un ordenador, ni ellos, así, pueden ser otra cosa que los perros del Dinero. Todo lo iluminaban las llamas, o eso creo, eso me parece, digo.

  Había perdido el ritmo, o eso me dijo. Pero será que no lo has encontrado, será que te lo han escondido. Es difícil cantar fuera del ritmo, o sonar, o que te oigan, que te escuchen, aún más difícil, ¿que te entiendan los que saben lo que quieren y se mueren de aburrirse? En un ritmo aprendimos a hablar, a tocarnos, a estar solos y dejar de estar, a masticar las piedras del recuerdo, a degustar el fracaso, y tirarnos al barro, revolcarnos en la mierda, gritarnos, violar la inocencia, mearnos en el protocolo, cagarnos en la obligación... Un orgasmo por sobre todo el Tiempo. 
  -¿Sabes? Google es Democracia, tanto como luchar por la Paz. Nos van las palabras con mayúsculas a los votantes, tienen más enjundia, como el Señor. ¡Mira, cómo vamos muriendo sin vivir! Es un sinvivir esta Seguridad, señor Agente, ¡qué culpa tengo yo si usted quiere conocerme! Oiga, yo tengo Nombre, Apellidos, derecho a Voto y no me quedo sin mayúsculas. Democracia. Esquivo un coche y otro y otro como si fuesen solo trayectorias en el Espacio de la línea del Tiempo; trayectorias de muerte democrática. Por Democracia se aprende así esto y se sabe o no se sabe, y lo demás es cuento, y si no, te quedas sin Título, sin Nombre. 
   -Entonces, ¿quién no preferiría ser nadie a un Título con Apellidos?
  -Así parece ser, es nadie quien se esconde en esa pregunta. Y para todo lo demás, la Ciencia: tenemos respuestas para todo el Estado, para todos los votantes, es decir: tenemos una respuesta. Le iremos robando a usted la vida y a cambio le devolveremos a usted Dinero en cómodos plazos.
   -...
   -¡Ah!¿Que no lo sabe? Usted ha nacido en el mejor mundo posible y, por lo tanto, nos debe su vida, es decir, su Dinero. No es más poderoso caballero, sino Dios de dioses, el amo del matadero. Y, si hace usted el favor, nos debe también un voto: nos vote usted, se va y, si Dios quiere, hasta mañana.
   Democracia.

Compre la revolución (democracia)

  Teníamos permiso. Podíamos preguntarnos sobre lo que no hay, eternamente. Nacimos inocentes. La culpa nos invadió mientras escribíamos leyes. Entregamos el gobierno de la nave, la cuchara y dejamos el arrojo por si algún día éramos valientes. Lo que se nos escapaba impredecible, animal anomalía, no era ya más que un intrincado conjunto revestido de los más espléndidos oropeles, un vestido de lentejuelas, maquillaje, en fin, mentiras de toda clase, la misma mierda. Aquí estamos, salvando el mundo cada mañana. Así vamos, en orden, a ocupar nuestro puesto: es lo único que tenemos, eso y un montón de dinero. Pasamos hambre después de comer y allá vamos, también salvaremos el mundo mañana. Como seguimos salvándonos de un nosotros cualquiera, un nosotros que derrumbe pensamientos y rompa las ideas. Un algo que nos despreocupe de salvar el mundo mañana. Tengo un montón de comida en casa, por si se acaba. Para tener para comer para ir a salvar el mundo otra mañana.
  Y no sabíamos por dónde íbamos, pero había prisa, una meta y cabezas y espaldas que pisar. Luego apadrinamos a un niño, vamos a la manifestación o le damos una moneda al yonki ese de la esquina y dormimos cojonuda, solidariamente. La Humanidad. Y la Realidad, que no sabe a ná, como si creciese bajo un plástico. Y ahora plantamos plomo en la tierra para ir a salvarla y reciclar, y ponerle a nuestros hijos la revolución en bandeja en forma de canción de un tipo de derecha a izquierda o de izquierda a derecha o en bustrofedónica. No sé. El caso es que estamos comprando la Revolución en cómodos plazos. Me educan profesores revolucionarios con negros automóviles brillantes, incluso yo mismo hago la revolución a veces, viendo el televisor en el sofá, con la panza llena, momentos antes de la siesta.
  Después de digerir odio y miseria, explosiones, mentiras y la paz de la guerra, o las guerras de paz, o como sea, es normal que nos estriñamos y no abramos la boca después de tragar tanta mierda. Por norma.

Conciencia de lo de alta mar

  No para de llover, humedad fecunda, la ciudad entristece salvo en los espacios destinados a arbolillos que soportan este aire que envenena. Llueve y sonríen los que no tienen planeado vivir, los que no temen por su futuro. Sonríe el mar con las olas, se hacen contra él y busca la tierra, y lame la tierra, quieren sentir sus sales en perfecta sinergia. Es una disolución tan brillante o más que la luna nueva, luna azul o negra, y que llueva.
  De una tormenta nacimos y de una tormenta nacemos, renacemos. No brota nada en el escaso ambiente del asfalto, aunque se yergan orgullosos árboles estraños a esta tierra en pequeños compartimentos determinados para ellos. Y cae la tormenta, el rumiar del trueno es el sonido mismo del cielo rasgándose. Piedras apiladas sin forma constante. Antes de caer su rumor es el del trueno, el de la lluvia, pequeños trozos del cielo al barro. Tormenta. Antes de que se desmorone, antes del derrumbe, de que el rumor sea el derrumbe y el trueno, y a la vez piedras quebradas, talladas de nuevo. Haciendo renacer la vida infinita desde el agujero más oscuro.
  Que fuera como de un cielo arcaico, primitivo, con surcos solo de pájaros y nubes sin pastor. Y, derrepente, no, caiga diciendo que no, que no.