Recuerdo a una mujer en la bajada.
Siempre o, al menos, en la mañana entregada.
Y el sabor como a hierro de otra derrota,
como a humo, como sangre brota entre mi boca.
Como sueños despiertos cansados, en la bajada.
Pienso en lo que no fue en la bajada.
Lo bailao que perdimos, la función terminada.
Y necesitar o echar de menos los momentos de los verbos:
los futuros que no serán presentes, los tiempos perfectos.
La condicional que amarga la garganta, en la bajada.
Recuerdo a una mujer en la bajada.
O tantas como las veces que caí y no callaba.
No importa, olvídalo. Dirán que no fue nada.
Todo concuerda, no recuerdo nada.
Recuerdo a una mujer en la bajada.
Que me levanté tarde y no decía nada,
y bailaba por la mañana.
Bajo la bajada.