Me estoy quemando

  Era todo un poco estraño. Darle un nombre podía ser algo peligroso pero, en fin, al final algo de coherencia había entre ambas cosas, aún no te has disociado del todo. Así que bueno. sienta bien esto, a estas horas, en estos tiempos. En fin, pronombres y adverbios. Ya vuelvo, algo sobrio, bastante sereno, y está todo vacío, estamos solos el viento y yo, y algún pajarilllo trasnochado. Me cruzo a dos, hasta luego -dicen- y yo, hasta luego, y sigo para abajo fumando. Algunos pies más adelante, me llaman por este -supongo- mi nombre. Yo me giro. Un poco más para que vean que me he girado. Vuelven a nombrarme, y echan a correr, yo no las conozco, son por tanto esas cuando las veo venir, estas cuando me las cruzo, aquellas cuando salen a correr: ellas. Sigo, que estoy llegando. Por un momento sé que he perdido las llaves. El corazón late rápido. Las encuentro en un bolsillo desacostumbrado, doy la luz... Un momento. Esto no es vivir. Esto es un enorme volumen polvoriento apretado entre otros tantos apilados en estanterías con claves debajo de cada balda: Literatura.
  Si fuese un camino... No, es más bien un espacio, pero pensábamos que sabíamos adónde ir, eso hizo el camino. Seguirlo es difícil y aburrido, nada interesante. Ellas echan a correr, o se quedan esperando como al dios que suelte el rayo por mi boca: eso no va a ocurrir. Porque aquí cantamos, aquí somos la canción del sometido, del débil, del bajo. Y ya lo he dicho, no, no lo tengo claro, puede que sea el gran error, pero al menos no voy creyendo y creando. Solo vengo al ritmo de un  no mostruoso, bailando, abrazándome al no, agarrándome a él como pura brasa. Me estoy quemando.

Canto disonante

Ignorante- No son esperanzas, sino lo tranquilo que da el saber que hay cosas que suenan y resuenan siempre tan acogedoras o más, lleven la ropa limpia y seca o no.

Prometeo- La ausencia hace presencia con audacia, yo juego en más palabras la desgracia y el verbo sale abrupto con violencia.

Ignorante- ¡Mierda! Tremenda falacia, estoy harto de las trampas que me tiendes, pero ahora intento sólo cosechar. Del fruto lleno, la sonrisa del corazón hinchada y maduro, cosecha, que me olvide de mí.

Prometeo- Desborda vida esa copa y por aquí a veces se nota algo, alguna nota queda y en el monótono bajo diario disuena, resuena, allegro presto, fà la brava, chi lo sà.

Ignorante- Alguna locura brota, brota loca una risa, como no puede ser de otra manera. Alguna nota se escapa, pero las más las huelo.Y es lo que me gusta, a pie de calle y camino, lo que me vuelve loco. Estas páginas son demasiado pequeñas, me canso pronto de llenarlas de letras.

Prometeo- Debes escribir en papel higiénico, quizá así no pares mientras dure el rollo. Pero luego te ibas a llenar el culo de tinta, las narices, incluso a veces...

Ignorante- ¡Joder, eso tampoco! El caso, la cosa, es que es claro, luminoso, que ese latir todo lo rodea, a todo da vida. Sería de locos no hacer algo por verlo de cerca, olerlo, tocarlo, escucharlo, por supuesto, saborearlo, en fin, sentirlo. Pero, un secreto, algo que nunca te he dicho: estoy irremediable y completamente loco.

Prometeo- Bastante lamentable este estar estado.

Ignorante- Ahora, que vivimos en eterno verano y nos negamos rotundamente a que acabe y llegue otoño sereno a dormirnos, ahora, pintor de los buenos pintares, escúchame, llama a la décima musa, llévame con ella.

Prometeo- Esa locura loca, un refugio en unos labios, ¿que te lleve con la musa del mentón erguido, siempre rodeada de falsos poetas? Yo, comediante ingenuo, solo aspiro ya palabras y nube, y solo necesito ser tiempo derretido derramándose en su cuerpo. Sudo a chorros mis inventos, nado en el mar viscoso de la rutina de no ir a verla, de estar siempre en guardia, en vela. Luto por la inocente adolescencia que, a veces, fénix, aparece, pero gris: yo, comediante ingenuo.

Ignorante- Ese, pintor de sueños dementes, váyase. Que venga la décima musa, la de la escarcha en las venas, la de los ojos de fuego; la de locuras ante la catástrofe del eclipse de otro verano eterno. La de la muerte del estío y la lluvia fecunda.

Prometeo- Y yo vestiré, porque lo necesito, las mejores palabras con las que desnudarme, y salgan las que salgan.

Ignorante- Ay, prenda, cuánto tiempo, cuánto que decirte y lo poco que tengo.

Prometeo- Pero hay que ver lo que llevamos... Que sea tanto que no nos pese.

Ignorante- Escucha, que no sé yo, pero llévalo todo a tirar, y ¡fuera!, llevamos tanto que no nos pesa, y lo poco que tenemos.

Prometeo- Quiero contarte un acertijo sin preguntas, por ver si te espanta o te encanta.

Ignorante- Y entonces, que nos llueva el cielo entero si quiere, si puede, para que nos embebamos todo hasta que quede seco. Y volver como si nada en el carro de los sueños que nos debíamos. Y volver sin volver, ir tan solo a sitio amigo.

Prometeo- Y voltear la mañana, al hilo de un tendal, tendiendo las sábanas como ofrenda a la lluvia de una cama. Y que me dé vida en un guiño, que enloquezca y me lance a trenzar tirabuzones de locura, donde tú quieras.

Ignorante- Oye, ya es demasiado mirar. Ante semejante robo, ante lo que no es justo, ante la venta del futuro -que nunca llega- nos mantenemos callados mirando. No es que haya tampoco algo que hacer, los planes lo arruinan todo; pero ya está bien, esa barrera tiene, tiene que caer.

Prometeo- Pues mira...

Ignorante- ¡Que no!

Prometeo- Pues mira, cierto día desapareció la Literatura, con mayúsculas. Nos dimos cuenta de que la historia no era antes de leerse, y fue cuando empezaron a jugar con después, antes y todo eso: terminó siendo nunca.

Ignorante- No sé qué me cuenta este tío, quizá no lo sabe ni él. Estará perdido poniendo en práctica su epistemología.

Prometeo- El caso, que luego vino uno que jugaba con todo eso a gusto, y contaba, de verdad que aún lo hace desde la miseria y el pasado.

Ignorante- Entonces, ¿qué es lo que queda?

Prometeo- Cuando nos quitamos la careta y el mono de trabajo y de verdad decidimos solo vivir, volar corriendo porque lo necesitábamos. Porque si vamos viviendo lento y sobreviviendo deprisa, envejecemos.

Ignorante- Vamos viviendo deprisa y veo a veces al niño, lo veo lejos.

Prometeo- Y voy haciendo de la necesidad, cuando no llega a ser verdadera, cada vez más recuerdo, así es como envejezco. Puedo decirlo a voces o trasfigurarme en Prometeo, listillo y engañoso, y decirlo como quiero: añadiendo y quitando y tal y nosequé, esto y lo otro, bien a gusto.

Ignorante- A gusto del consumidor, vaya.

Prometeo- Si oyes eso, dime que me calle, no me hagas caso; he de hablarte quizá con el ojo guiñado.

Ignorante- Y, aun así, no me fío. Vamos como perdiendo la memoria de la persona que nos inventamos...

Prometeo- Ya no sé si soy yo o lo que enseño... Entonces, tú escúpeme y dime que me esté quieto. Ay, maderos sin artesano que los talle, en bruto, con toda su vida enterrada en una costra. Es lo que era ya cortado antes de arder.

Ignorante- Así somos: vamos pensando quitar y facilitar la vida según el caso, según el gusto. ¡Cuántas mentiras, oiga! Por favor, no me diga más, le trato de usted por su vejez prematura y por hacerle entrar en la  invisible caja de la tercera persona, la que no está.

Prometeo- Pero, ¿a dónde vamos a llegar?

Ignorante- No muy lejos o muy lejos. Las cartas están en la mesa y ya lo dije: me lo iba a jugar igual aunque tuviese buena mano. Pero he perdido el tacto alejado de ti, de vosotros, intentando ver esto y comprenderlo. Y no lo entiendo, aunque a veces siento correr mi sangre con el torrente de un deshielo eterno, tanto que despierta a unos bichinos minúsculos congelados dentro hace milenios.

Prometeo- El fin del mundo sucede tan a menudo que no nos damos ni cuenta.

Ignorante- No sé, estábamos cantando y olvidando, entroncados en el ritmo interminable de una encina.

Un aire bucólico



LUCIGENIO- ¿Dónde vas, cabrero ocioso, con tu siringa en silencio?

CABRERO- Voy a recoger mis cabrillas, Lucigenio, que en aquel soto las apacienta Galatea, voy a ver si me apacienta a mí también.

L- ¿No te sentarás en este cancho para que gocemos de un airecillo bucólico? Allí viene Simíquidas que podrá juzgar quién se lleva la prenda, pues estoy dispuesto a darte una cántara entera de leche de las vaquillas aquellas que ves a la sombra del encinar huyendo del calor del mediodía. Pero lo mismo no te atreves…

C- No me busques, Lucigenio, no sea que me encuentres… Pero respiro tan cerca a la necesaria Galatea que más que con un airecillo, con una ventolera le llevaré esa cántara entera.

L- Armas no hay: fuego una palabra, aire una palabra, una palabra tierra, una palabra agua: cuentan que cantó el pastor al ritmo del trotar de su cachava.
¿Y a mí que este amor tuyo, cabrero?
Yo llevo el laurel del dios del arco certero.

C- Armas no hay: fuego una palabra, viento una palabra, una palabra tierra, una palabra agua: cuentan que cantó el pastor al ritmo del trotar de su cachava.
Pues no, que no te enteras, no es mío;
está vivo y lo tuyo no es más que el que fue y se ha perdido.

L- Armas no hay: fuego una palabra, aire una palabra, una palabra tierra, una palabra agua.
Las cancioncillas las guardo escritas, así no me olvido,
y ¿dónde guardas tú a aquella, cabrero bonito?

C- Armas no hay: fuego una palabra, viento una palabra, una palabra tierra, una palabra agua.
Ay, vaquerito cornudo, a aquella yo no la guardo,
guárdate tú de letrillas que cuentan cosas que ya han pasado.

L- Tierra una palabra, una palabra agua: la poesía, una mujer que se quedó callada.
Ay, cabrero, razón tienes, que ahora hasta lloran mis vacas:
nada valen las letrillas si no hay a quien cantarlas.
Llévale a aquella esta cántara
y cántale la ventolera que la deje despeinada.

C- Tierra una palabra, una palabra agua: la poesía, una mujer que se quedó callada.
Daca y toma esta siringa,
y que soplándola olvides tus ansias,
que el árbitro quedó mudo solo de oír tus palabras.
Armas no hay: fuego una palabra, viento una palabra, una palabra tierra, una palabra agua: cuentan que cantó el pastor al ritmo del trotar de su cachava.

Sopa negra

  Para comer y para cenar, también para el desayuno. Sopa de hipocondría, sopa de miedo, sopa de bombas, sopa de vil metal. Uno encendió la radio y oyó que había que "perder para ganar": desayuna sopa negra. Va por las aceras y huele el humo de los coches: sopa negra. Se apelotona, hace colas, compra: sopa negra. Lucecitas de mierda, frío, al mal tiempo buena cara, mentiras: sopa negra. Colonias, maquillajes, peinados, adornos, horarios que llevar a rajatabla: sopa negra. Otro vio un televisor, y en él aparecían una mujer de mirada que distrae, sutilmente pintada, y luego explosiones, y luego la mujer otra vez, y luego personas con traje y palabras grandilocuentes babeando por sus comisuras, de lustre de vino y buen comer, y luego la mujer, y luego deportistas, y luego compra, hazle caso, márcalo como ídolo inalcanzable, frústrate y date con una piedra bien gorda en los dientes, o en la puta cabeza: sopa negra. Otro abrió la caja lista y en ella vio frases repetidas, ideas y más mentiras, sí, tal vez eres libre en un corral bien decorado: sopa negra. Otro iba a abrir un periódico, sin duda en busca de sopa negra, pero al hacerlo, se cansó demasiado y volvió al televisor: sopa negra.

  Cuentan que hace tiempo en Esparta, para mantener una sociedad igualitaria (tanto que estaban perfectamente delimitados y nombrados los grupos, que no quiero decir clases, ya lo he dicho), cuentan que hubo una costitución, por traerlo a nuestro terreno, que hizo expulsar a los artesanos de lo inútil y, entre otras cosas, establecía también que todos comiesen juntos y todos lo mismo, y todos la misma cantidad. Y el que iba a la comida común sin hambre, era sospechoso. Comían pan de centeno y un guiso que llevaba, como uno de los principales nutrientes, sangre, que le daba el color por el que después se conoció: sopa negra. 

  El gusto está claro que sólo es uno, pero que nos den morcilla, que nos lo tragamos todo.

Cosas del frío

  Nos volvemos locos por la noche y me curas las heridas con el remedio más antiguo: nos curamos, pero soy un poco el paciente, si bien he de esplorar como siempre. Perdernos en las oscuridades, ¿aquí estoy? He venido a cantar mi canción loca, no sabe nada, ha nacido hoy. Y quizá es que me creo que digo lo que pienso y que lo hago, pero no, lo fío todo al último minuto, ya no me empeño en la poesía tan a menudo, y lo escribo todo a lápiz, como con la certeza de que algo vendrá a salvarlo; y no, es poco probable.
  No sé que te estaba diciendo, vaya, que los pájaros o nosequé y tú callada, no sé si con alguien a quien le dejan indiferente esos prodigios volantes se puede hablar. Y es esta jodía rotura que ni come ni deja comer, de pensar y hacer por separado, tengo la cabeza toda a pájaros, niña, no sé, la fruta dulce y el agüita, niña, que me equivoco, si estamos pa eso, una sonrisa como de animal medio torcido. Qué historias. Si el como, si el último minuto, si tú, si yo... Si, si...
  Y así me paso la vida entera. Pero no está mal el invierno (ni bien), y yo soy animal que se adapta, será que bicho malo nunca muere, será que con la música voy amansando las fieras. Me paso los inviernos haciendo como que barro: no aparto los muebles ni me esmero debajo. ¿Es solo aspecto? ¿Soy solo aspecto? Ahora entiendo lo de la sombra de un sueño porque, ¿qué es en mí lo verdadero y qué realidad simplemente? Tendrás que averiguarlo y quisiera que nunca te dieses cuenta de que nunca lo vas a encontrar, ¿vamos a engañarnos? Responder siempre es complicado, responderte aún más. Solo puedo ser semilla: lo tengo todo a medio hacer. Lo tengo todo empezado, pero no hay visos de terminar. Determinar algo en concreto tampoco se me da bien, doy rodeos: necesito algo, no tengo nada, no se lo qué.
  No, paz no la hay, no nos engañemos, no la hay porque no somos felices y viceversa. Pero entonces sería todo muy aburrido. Pienso, con dudas pero sin duda, (es lo que como) que esto es sencillamente así: un ahora tras otro, un siempre, algún antes, aquí, ahí, allí, tú, nosotros y aquello. Me voy muy por las ramas, pero mientras, entre dudas, palpo algo verdadero entre las manos: es como agua, no lo agarro.
  Pues no, claro que no se puede definir algo negativamente. Los límites se ponen siempre desde la positividad.

Programa

  Al final, mostrarte. Ser, no sabemos, y tampoco estarnos quietos; al final, mostrarse. No es importante un punto y coma, eso no se habla, es importante, en cambio, el aire. Respirar. Y espirar palabras, soplo de vida. Y el camino a tu casa se parece al camino a mi casa. Pero no mostrarse, al fin y al cabo, mi historia es tendenciosa y dolosamente selectiva (hay, para el recuerdo, fármacos de olvido contra el dolor), y contarla es mostrarse, y mostrarse no es ser, ni ser es aspirar, así que no mostrarse (y no mentir), no aspirar sino soplos y palabras, y espirarlos una vez hayan echado raíces en nuestra tierra, en ningún caso a ser.
  Así que no sé, aún así, déjeme que le diga una cosa:
Que se puede usted marchar vendiendo su palabra académica, su palabra mediática, su palabra económica, su palabra mayúscula, su palabra hipócrita, se puede marchar vendiéndolas y hacerlas dinero: su sucia palabra, su falsa palabra, su puta palabra, su estéril palabra, su vana palabra, su palabra puta.

  Porque las frases hechas y los discursos tramposos se anegarán en saliva de escupitajos y ahí no nacerán raíces.

  ¿qué hay?