Ignorante- No son esperanzas, sino lo tranquilo que da el saber que hay cosas que suenan y resuenan siempre tan acogedoras o más, lleven la ropa limpia y seca o no.
Prometeo- La ausencia hace presencia con audacia, yo juego en más palabras la desgracia y el verbo sale abrupto con violencia.
Ignorante- ¡Mierda! Tremenda falacia, estoy harto de las trampas que me tiendes, pero ahora intento sólo cosechar. Del fruto lleno, la sonrisa del corazón hinchada y maduro, cosecha, que me olvide de mí.
Prometeo- Desborda vida esa copa y por aquí a veces se nota algo, alguna nota queda y en el monótono bajo diario disuena, resuena, allegro presto, fà la brava, chi lo sà.
Ignorante- Alguna locura brota, brota loca una risa, como no puede ser de otra manera. Alguna nota se escapa, pero las más las huelo.Y es lo que me gusta, a pie de calle y camino, lo que me vuelve loco. Estas páginas son demasiado pequeñas, me canso pronto de llenarlas de letras.
Prometeo- Debes escribir en papel higiénico, quizá así no pares mientras dure el rollo. Pero luego te ibas a llenar el culo de tinta, las narices, incluso a veces...
Ignorante- ¡Joder, eso tampoco! El caso, la cosa, es que es claro, luminoso, que ese latir todo lo rodea, a todo da vida. Sería de locos no hacer algo por verlo de cerca, olerlo, tocarlo, escucharlo, por supuesto, saborearlo, en fin, sentirlo. Pero, un secreto, algo que nunca te he dicho: estoy irremediable y completamente loco.
Prometeo- Bastante lamentable este estar estado.
Ignorante- Ahora, que vivimos en eterno verano y nos negamos rotundamente a que acabe y llegue otoño sereno a dormirnos, ahora, pintor de los buenos pintares, escúchame, llama a la décima musa, llévame con ella.
Prometeo- Esa locura loca, un refugio en unos labios, ¿que te lleve con la musa del mentón erguido, siempre rodeada de falsos poetas? Yo, comediante ingenuo, solo aspiro ya palabras y nube, y solo necesito ser tiempo derretido derramándose en su cuerpo. Sudo a chorros mis inventos, nado en el mar viscoso de la rutina de no ir a verla, de estar siempre en guardia, en vela. Luto por la inocente adolescencia que, a veces, fénix, aparece, pero gris: yo, comediante ingenuo.
Ignorante- Ese, pintor de sueños dementes, váyase. Que venga la décima musa, la de la escarcha en las venas, la de los ojos de fuego; la de locuras ante la catástrofe del eclipse de otro verano eterno. La de la muerte del estío y la lluvia fecunda.
Prometeo- Y yo vestiré, porque lo necesito, las mejores palabras con las que desnudarme, y salgan las que salgan.
Ignorante- Ay, prenda, cuánto tiempo, cuánto que decirte y lo poco que tengo.
Prometeo- Pero hay que ver lo que llevamos... Que sea tanto que no nos pese.
Ignorante- Escucha, que no sé yo, pero llévalo todo a tirar, y ¡fuera!, llevamos tanto que no nos pesa, y lo poco que tenemos.
Prometeo- Quiero contarte un acertijo sin preguntas, por ver si te espanta o te encanta.
Ignorante- Y entonces, que nos llueva el cielo entero si quiere, si puede, para que nos embebamos todo hasta que quede seco. Y volver como si nada en el carro de los sueños que nos debíamos. Y volver sin volver, ir tan solo a sitio amigo.
Prometeo- Y voltear la mañana, al hilo de un tendal, tendiendo las sábanas como ofrenda a la lluvia de una cama. Y que me dé vida en un guiño, que enloquezca y me lance a trenzar tirabuzones de locura, donde tú quieras.
Ignorante- Oye, ya es demasiado mirar. Ante semejante robo, ante lo que no es justo, ante la venta del futuro -que nunca llega- nos mantenemos callados mirando. No es que haya tampoco algo que hacer, los planes lo arruinan todo; pero ya está bien, esa barrera tiene, tiene que caer.
Prometeo- Pues mira...
Ignorante- ¡Que no!
Prometeo- Pues mira, cierto día desapareció la Literatura, con mayúsculas. Nos dimos cuenta de que la historia no era antes de leerse, y fue cuando empezaron a jugar con después, antes y todo eso: terminó siendo nunca.
Ignorante- No sé qué me cuenta este tío, quizá no lo sabe ni él. Estará perdido poniendo en práctica su epistemología.
Prometeo- El caso, que luego vino uno que jugaba con todo eso a gusto, y contaba, de verdad que aún lo hace desde la miseria y el pasado.
Ignorante- Entonces, ¿qué es lo que queda?
Prometeo- Cuando nos quitamos la careta y el mono de trabajo y de verdad decidimos solo vivir, volar corriendo porque lo necesitábamos. Porque si vamos viviendo lento y sobreviviendo deprisa, envejecemos.
Ignorante- Vamos viviendo deprisa y veo a veces al niño, lo veo lejos.
Prometeo- Y voy haciendo de la necesidad, cuando no llega a ser verdadera, cada vez más recuerdo, así es como envejezco. Puedo decirlo a voces o trasfigurarme en Prometeo, listillo y engañoso, y decirlo como quiero: añadiendo y quitando y tal y nosequé, esto y lo otro, bien a gusto.
Ignorante- A gusto del consumidor, vaya.
Prometeo- Si oyes eso, dime que me calle, no me hagas caso; he de hablarte quizá con el ojo guiñado.
Ignorante- Y, aun así, no me fío. Vamos como perdiendo la memoria de la persona que nos inventamos...
Prometeo- Ya no sé si soy yo o lo que enseño... Entonces, tú escúpeme y dime que me esté quieto. Ay, maderos sin artesano que los talle, en bruto, con toda su vida enterrada en una costra. Es lo que era ya cortado antes de arder.
Ignorante- Así somos: vamos pensando quitar y facilitar la vida según el caso, según el gusto. ¡Cuántas mentiras, oiga! Por favor, no me diga más, le trato de usted por su vejez prematura y por hacerle entrar en la invisible caja de la tercera persona, la que no está.
Prometeo- Pero, ¿a dónde vamos a llegar?
Ignorante- No muy lejos o muy lejos. Las cartas están en la mesa y ya lo dije: me lo iba a jugar igual aunque tuviese buena mano. Pero he perdido el tacto alejado de ti, de vosotros, intentando ver esto y comprenderlo. Y no lo entiendo, aunque a veces siento correr mi sangre con el torrente de un deshielo eterno, tanto que despierta a unos bichinos minúsculos congelados dentro hace milenios.
Prometeo- El fin del mundo sucede tan a menudo que no nos damos ni cuenta.
Ignorante- No sé, estábamos cantando y olvidando, entroncados en el ritmo interminable de una encina.
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