Recuerdo a una mujer en la bajada.
Siempre o, al menos, en la mañana entregada.
Y el sabor como a hierro de otra derrota,
como a humo, como sangre brota entre mi boca.
Como sueños despiertos cansados, en la bajada.

Pienso en lo que no fue en la bajada.
Lo bailao que perdimos, la función terminada.
Y necesitar o echar de menos los momentos de los verbos:
los futuros que no serán presentes, los tiempos perfectos.
La condicional que amarga la garganta, en la bajada.

Recuerdo a una mujer en la bajada.
O tantas como las veces que caí y no callaba.
No importa, olvídalo. Dirán que no fue nada.
Todo concuerda, no recuerdo nada.

Recuerdo a una mujer en la bajada.
Que me levanté tarde y no decía nada,
y bailaba por la mañana.
Bajo la bajada.

6 comentarios:

  1. Guapísimo, juanillo. Me flipa el juego de los tiempos verbales con el tiempo en sí mismo; es brutal.
    Mi enhorabuena, tio.
    Un abrazo ;)

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  2. mmm creo que es la primera vez que leo un poema tuyo; coincido con Dani, es muy origenial lo de los tiempos.
    Por cierto ¿para cuándo la próxima reunión?

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  3. Leo esto y me sabe la boca a tierra, como a polvo mordido.

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