¿Quién daría nombre a las voces? ¿Quíen fue entonces eso, quién?
Quién lo va a saber. Pues que cuando un macho alfa intenta proyectar la inmensa sombra de la genealogía de la moral, pues, psché, se vuelve niche y el foco de batman, como en las películas y tal. Que no es por nada, que según mezclaba personas enjutas y fracasadas iba este otro recordando el Demian, y eso de que a cada crítica sentida que señalamos nos sumamos otro defecto, otra culpa, otra condena. Como si no fuese bastante haber nacido y que te enjaulen entre nombre y apellidos, origen y dirección, entre puntos y mayúsculas.
Y él decía que él-otro decía que los nombres a las cosas se los dieron los fuertes, los nobles, los valientes. Vaya, eso de ponerle nombre a las cosas es como decir acordar según qué cosa, qué otra palabra vamos a decir, vamos, que no pueden coger estos y decir, punto, lo hago. Qué voy a decir, quién, no me lo creo. Sí es verdad, no obstante, que te pueden hacer creer eso, que en realidad no pulsabas sino que accionabas, que lo que te une es una red, que no te estabas vendiendo a (pre)determinados intereses sino que comprabas. Porque, sabiendo que él decía que él-otro decía, y que él-otro no hablabla en la misma lengua que él, quién es el valiente, el fuerte, el noble. Bueno, aquí hay un código que no falla y lamentablemente no es la música. Es él otra vez. El falo del gran fallo. El gran fallo del falo. Eso.
¿Otra vez con lo mismo? Igual que el carbono catorce no sabe absolutamente nada de aquella tarde en la azotea, no hay razones para colocar en el mar que es la claridad del pasado, otra vez, un fallo erecto electo del falo, o al revés, pero no es necesario. Es más, ¿cómo?
Si es la tierra, cobijo de vida, siempre y nunca, esta,
y se mueven hasta las piedras.
Pero si sigues empeñado en plantar odio y cavarlo con el falo, el fruto será amargo. Esa es la verdadera justicia. Entonces, eso, que se subraye que me invitas al café, también es el patriarcado, y yo ya no sé cómo deshacerlo, si lo hago, si lo hice, si lo he hecho o lo he pensado. Hay que sentirlopensando. Y de verdad ir con esa jeta de estranjero por ahí, porque tú no sabrás quién soy, pero yo tampoco. Y quizá ese es el gran problema, esa mayúscula que le pusieron al yo ese, este. Él es también ahí otro gran falo, ahí colocado, lleno de polvo, de sucio dinero. Qué puto asco. Ahí donde llevo los objetos personales, ahí es donde me doy más asco. Entonces salimos de este rollo, vaya gran falo, mucho más hermoso si hubiese sido un coño, que no coñazo, por hablar claro. Ya, claro, por hablar. Por hablar, claro.
Que también, qué risa, me deshago, y me da lo mismo a la tarde si vas por ahí empuñándolo, como gran enseña y baluarte, se va a caer, el gran falo. Tengo poco, y lo que pesa. Lo que llevamos, que sea tanto que no nos pese.
Que sea tanto que me despierten otra vez las tormentas de tu estómago, caja de música viva, y por si acaso, que también traigamos muro y ese muro lo derrumbemos de los calores o del frío, o no sé, pero nos vamos derritiendo.
Los fuertes, los nobles, los buenos, los puros, hagan lo que les plazca, vayan con dios, junto con todas las posesiones, que nos estaban robando la vida.
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