Usando una técnica filomongola y llevándola a ese terreno tan escurridizo de la etimología:
Crisis. Sustantivo femenino, abstracto. Del latín crĭsis y este del griego κρίσις, con la raíz *κρί- del verbo κρίνω (cf. lat. cerno) (separar, distinguir, escoger como significado primario y de ahí al plano nocional decidir, juzgar) y el sufijo nominal *-σις (nombre de acción abstracta, puede espresar también el proceso en sí), el caso es que vendría a ser: acción de separar, separación, distinción, y nos vamos al plano nocional, juicio, desenlace, crisis, disputa.
O no.
Dejen de protegerme. No les necesito. No le necesito, señor agente. No le necesito, me sobra, señor director, señor gerente, señor presidente. Del gen que nos une, llevo una herida en la piel que hiende un cuchillo mellado en mis carnes, y lo remueve. Patrias y padres, dejen de preocuparse por mí, dejen de protegerme, no pueden protegerme de ustedes, de sí mismos. De ustedes, chupatintas y vivalavirgen, de eso necesito protegerme, dejen ustedes de protegerme: de nosotros, de ti, de mí; no les necesito y ustedes no van a conocerme y desarmarme, no se acerquen, hieden. Dejen de prohibir, dejen de esconder, dejen de mentir, dejen de vender. No necesito agentes, seguridades, vallas, horarios, no necesito publicidad, televisor, no necesito teléfono, no necesito silencio, ni orden, ni ordenador. No necesito papeles, no necesito estadística, no necesito calendario, no necesito madrugar, ni tarjetas, ni bienes, ni muebles. Dejen de protegerme, dejen de comprarme con venderme. Dejen de mirar por mi salud, por mis hábitos, por mi futuro. Dejen de matar a este presente. Que se vayan. Dejen de protegerme. Dejen de desangrarme para indultarme después. Dejen de registrarme en sus listas, dejen de hacerme fotos, dejen de medicarme, de controlar mis líquidos, mis músculos, mis grasas, dejen de ponerme nombres, dejen tranquilas mis cicatrices, dejen de vestirme y de maquillarme, dejen de cocinarme y aliñarme, no van a comerme. Dejen de protegernos, no lo necesitamos.
Que a veces podemos creer que queremos, pero necesitamos caernos y tropezarnos y hacerles caer. Que queremos sentirnos desde tu boca hasta la punta de las uñas de los pies. Que queremos olernos por detrás y por delante. Que queremos tocarnos por abajo y por arriba. Que queremos escucharnos alto y oscuro, bajo y claro. Que queremos degustarnos enfermos, locos y sanos. Que queremos enloquecer de tanta cordura. Que queremos sudar sangre de tanto dormir. Que queremos vernos las caras en lo oscuro. Que queremos solo cubrirnos del aire en invierno y taparnos de sombra en verano. Que queremos solo ver por el día y después intuir de verdad por la noche. Que queremos que nos duelan las costillas de reírnos y la pelvis de mezclarnos.
Que necesitamos olvidar la serotonina y vivirnos, hablarnos y sentirnos. Que necesitamos olvidar las vacaciones y deshacer el trabajo, y sacarnos, por lo menos, el tornillo ese que tanto nos está apretando. Que necesitamos olvidar las neuropatologías y gozarnos una locura bendita. Que necesitamos deshacer el sexo y recordar el nexo, como decía uno, o lo que sea.
Que sabemos que es mentira el Espacio del Tiempo y que lo que de verdad importa es antes y, casi nunca, siempre; pero sobretodo ahora. Sobretodo ahora.
Que no queremos protegernos, no recuerdo quién lo dijo, pero no hay libertad sin riesgo.
Sin riesgo hay seguridad. Seguramente, acabar dementes repasando cuánto mentimos y nos engañamos sin hacer lo que sabíamos que necesitábamos. Cuando se acabe el Tiempo. Hay, en cambio, la esperanza de la desesperación, el hambre, desde la derrota, desde la nada que perder. Que lo queremos, que la necesitamos.

No los necesitamos, por supuesto que no, déjennos en paz, con nuestros errores si los cometemos, que al menos serán nuestros y por ellos pagaremos, al contrario de ustedes a quienes no necesitamos, ni se responsabilizan de sus cagadas.
ResponderEliminar¡Grande, Juan, grande!
Comento como anónimo (reciprocidad, todo se basa en la reciprocidad) :D
ResponderEliminarUna gran entrada, por no necesitar no nos necesitamos ni a nosotros mismos, al menos lo que somos ahora, quizás también tengamos que reinventarnos, no vaya a ser que intentemos (en un futuro tal vez) proteger a nuestros vástagos o hacerles creer la necesidad de nuestra existencia.
Albricias por los comentarios. No les necesitamos, nosotros (sin el mismos) en cambio somos necesarios, contra la tercera persona y el tirano de la primera singular.
ResponderEliminarCada vez nos veo (con el mismos) más prescindibles, o quizás tan solo sea este tiempo lluvioso, nublado y desapetecible que me nubla la vista y enturbia el estado de ánimo. Por ahí una vez se dijo que el paisaje refleja el estado de ánimo del poeta =)
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