Perito en llamas

Me compré una libreta muy chula, y no salió cara, de verdad, fue una lástima que el lápiz estuviese en mal estado, rota la punta por querer sacarla demasiado. Pero el papel sin duda es bueno; bueno, aquí hay, en realidad, más celulosa, luego el papel es de mejor calidad, lo que no implica que sea bueno, murieron más árboles para hacer una tirada de estas.
Que, en fin, para albergar el oficio minucioso de formar ramilletes de diminutas florecinas arrancadas que querían estar sueltas y quedaron atadas con el innegable vínculo de la tinta o el grafito, la cadena de palabras.
 
Aparte de esto, dedico mi tiempo al peritaje de llamas. Soy un perito en llamas. Las he visto de muchos colores, de diferentes olores, tamaños y formas. Trazo el perímetro en la letra o con humo, vaya, que hago la o con un canuto. Y poco más, no hace falta tanto para ser perito en llamas. Claro, también quemarse, también me he quemado, porque hay que jugar con fuego para el buen peritaje de las llamas. Eso hace falta para ser perito en llamas: no ser yo tan yo mismo, ni tú lo mismo, ahí, con las ideas, las mías, las tuyas, las suyas. Si en un momento loco, donde hay casos de desaparición completa del Tiempo, sucede eso, eres ahí, como un animalillo, preguntándose si el fuego estaba en la leña, ¿dónde es de donde ha venido? Hipnotizante y, ahí, dejarse dormir al lado del fuego.
 
Les hizo gracia cuando iba con mis deberes a mano, deseando soltarlos, limpios, sucios, qué más daba, era un contrato y de ley cumplirlo, desde niños. Por eso elegí deformarme como perito en llamas, hay que saltar varias hogueras, tragar mucho humo y pisar algunas brasas, qué oficio tan confuso, tan duro, qué mundo tan injusto, lo que es, es un inmundo. L'immondizia.
 
La difamación y la infamia por no poner buena cara cuando no nos da la gana no consiguen nada. Porque es lo cercano, lo de unos cuantos peritos en llamas, además de quemarse, es el ultraje, el hecho, el dicho, el sentimiento de que vamos más allá, no sabemos dónde pero el foso este, el envoltorio este de plástico con forma de globo, va a caer, se va a pinchar, esta red, ese es el ultraje cercano a cualquiera perito en llamas, cualquiera menudillo pájaro en su vuelo o posado antes de lanzarse al aire, a ello. 
El aire es necesario para cualquier fuego. Y un perito en llamas no es esperto en hacer fuego, sólo en comer, dormir y preguntar, básicamente es poco más que eso. Y un poco más puede ser todo, indefinido: en favor de un placentero peritaje, nos encendemos con eso otro fuego, en otro fuego. Ardemos y, si no jugamos, nos quemamos, no esperemos.

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