Agujetas del campo de batalla de la boca a la garganta, sesión de maravilla sensual y palomitas siderales.
Escribo cuando mejor estaba cantando y ejercito lo vocal bucal en lugar de la escritura. Podríamos enrevesarlo todo con un léxico rancio, en estilo altisonante, en fin, presumiendo de un talento eximio consistente en eso mismo, presumir, por si no nos hemos enterado de una vez ya de que ninguna verdad necesita maquillaje. Todo lo demás es violencia, leí por ahí que decían del Poder sin justicia. En esto también, la retórica, el maquillaje, es la violencia puta. Hasta ese punto tenemos que deshacernos.
Encontré que me había perdido masticando palomitas siderales nacidas de la tierra, de la mismísima roca. Al remojo de las lluvias de un otoño, de todo otoño habido una vez entre lo que verdeguea, tocan las manos con otra ternura, como si deshiciesen los callos que la Realidad ha formado en las yemas de nuestros dedos. Es eso, más que suave, tierno. Ahí perdido. También perdido en unas piernas leves, librándonos de preocuparnos del agua para otro año, vamos como aligerando, flotando. Al remojo y la piel como aquel verano, cuando el viejo pescador recordó que allí una vez se dieron bien, y todos a plantarlos, de las yemas de los dedos, la piel, como garbanzos. Ahí perdido.
Alguna música también despliega este olfato, este oído, esta vista en el plano de una esfera, en todas direcciones, y esto también es liviano, con conexiones tan esquizofrénicas, los enlaces neuronales van saltando jocundos, de cepellón, de mata en mata, y todo se entiende mucho mejor en un caos primordial.
Vamos cabalgando una ola que a veces se frena avivándola y acelera y sube echando el ancla, es una ola que ruge y que habla. Es tan capaz de arrullarte y disolverte con ella como capaz de, con un rugido, zarandearte alejándote del fluir de ir en la ola, de una en una, con la ola, ser la ola. Porque entendemos que parte de la ola, o que la ola, queda allí al batir la tierra, y parte de la tierra, o la tierra, vuelve a las olas coloreándolas. Así vuelven las olas. Ahí perdido.
Serán más recuerdos que ganas, pero aquí en la orilla se nota el tirar de las olas a la mar, la resaca, que le dicen. Que le deja a esta ribera salada todo el tacto a flor de piel, el tempo larguissimo del coro de olas con eco, los olores del horizonte en la punta de la lengua. Ahí perdido.
Y así se desentierra todo lo que una vez estuvo bajo un mar que al día siguiente era un desierto que pedía agua a gritos.
ResponderEliminaragua de río mezclada con mar
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