Aquí no pasa nada

Se me olvidaba casi todo de aquel poema que no fue otra cosa que la banda sonora de la inocencia, no pura, menos mezclada quizá. Éramos igual de jóvenes, estábamos igual de poco hechos, sin terminar, pero cargábamos con otra fuerza, embestíamos a mordiscos. Ahora, como en aquella película, estoy haciendo un túnel con un martillo chiquinino, y venga pico, percuto, pico, inquieto, que no me oigan, aunque ansío salir para despertarles, ¡cómo si pudiera! ¿Adónde vas a ir, y cómo?
Lo soñaba como la soñé a ella, caminando llamándome desde lo incosciente, pero era más bien una Idea, no la había; y tanto, fue pensarlo y se había marchado, dejando como monumento una mancha y algún olor, no entendía que era un juego. También soñé en el idioma del imperio en decadencia y con narices de payaso tiradas por el suelo, rotas, la sangre era espuma. No fue un sueño bonito, pero los sueños no son bonitos, sino tu sentimientopensamiento verdadero.
Es un problema ver el reafirmarse en los prejuicios de aquellos que creías haber desnudado al desnudarte para ellos, pero, a ver, que tampoco me quedo en bragas, ni pierdo el tiempo. Sobre todo, quisiera decirle a aquella voz cantante romántica, el de las sandalias, que son necesarios poetas, sin ese nombre, sin ínfulas, sin tragar que, por llamarse señor de las estrellas/ era normal de dios que se endiosara, son necesarios poetas en tiempos de miseria porque es necesario reconocernos cantando la vida sin rito. Pero por eso mismo es tan cierto, qué importa ser poeta o ser basura, porque ser, lo que es ser, no sé, pero estar, sí parece que estamos, aquí no pasa nada, ¿ahí?
 
 

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